‘La chaqueta metálica’, un bufón en la guerra

Doce años después de que acabara la guerra de Vietnam, Stanley Kubrick, ya consagrado gracias a películas como Senderos de gloria (1957), 2001: Una odisea en el espacio (1968), La naranja mecánica (1971) o El resplandor (1980), nos traía su penúltima obra cinematográfica. Una película irónica, cómica, cruel y sangrienta, que muestra la guerra de Vietnam más urbana (pues la contienda no se libró únicamente en la jungla), en una segunda parte muy bien diferenciada y marcada por la escena más célebre del largometraje. La película tiene cientos de lecturas, no hay una válida y una inválida, y yo aquí, modestamente presento la mía.

La crítica antibelicista de la primera parte de la película es evidente desde el primer minuto. Kubrick representa a los soldados como un conjunto sin personalidad: un grupo de personas con la cabeza rapada, ropa idéntica y que hace los mismos movimientos cuando el líder de la manada así lo ordena (en este caso, el sargento Hartman). En apenas cinco minutos, Kubrick consigue que el sargento despoje a los soldados de su propio nombre, sello de uno mismo por antonomasia, y nosotros, los espectadores, reconozcamos a cada uno con apodos como Bufón, Patoso o Copo de nieve. Este tramo es una repetición de una misma escena (no literalmente) en la que el único personaje que evoluciona es el recluta Patoso. Stanley Kubrick muestra su dominio absoluto de las cámaras en las distintas escenas. Planos cortos emblemáticos como el sargento Hartman insultando a Bufón, o el propio recluta cuando siente un atisbo de lástima al pensar si ejecutar a quien mata a sus compañeros.

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La cara del sargento Hartman (R. Lee Ermey) cuando te piropea. Fuente: villains.wikia.com

Lo más destacable de la estancia de los reclutas en la base militar es la evolución del personaje del Patoso, Leonard Lawrence (Vincent D’Onofrio) pero, sobre todo, el papel del único personaje que da señas de identidad, el ya mencionado sargento Hartman (Ronald Lee Ermey). La interpretación de este sargento es capaz de eclipsar el resto de la película para la mayor parte de la audiencia, y no es para menos. Autor de frases inolvidables como: “a Dios se le pone dura con los marines, y nosotros, para compensarle, le llenaremos el cielo de almas” o “eres tan feo que podrías estar en un museo de arte moderno”. Y digo autor en el sentido más literal posible, ya que fue él mismo quien escribió (e improvisó) sus insultos al recordar su periplo por la marina de Estados Unidos como auténtico sargento instructor. También decidió aislarse del resto del reparto para tratarlos de la forma más impersonal posible.

Aunque se podría decir que el protagonista del film es Bufón, James T. Davis (Matthew Modine), en los primeros 45 minutos, su papel es más bien discreto. Es en la segunda parte cuando este reportero de guerra “nacido para matar” nos deleita con sus mejores frases, que evidencian lo cruel que puede llegar a ser la guerra (su escena en el helicóptero, por ejemplo).

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Momento cumbre del recluta Patoso (Vincent D’Onofrio). Fuente: pinterest.com

Con respecto al recluta Patoso, se muestra que la actitud de Hartman consigue hacer que esa pequeña pieza que no funciona bien en su cabeza se estropee del todo. Sus momentos cumbre son las noches en la base militar, las charlas con Charlene (el nombre que le pone a su fusil) y, principalmente, la escena del baño.

La segunda parte se inicia con el descarado andar de una prostituta al son del These boots are made for walking de Nancy Sinatra, y se pasa de los tonos fríos de la base militar a los cálidos de una ciudad de Vietnam en plena tarde para reflejar aún más el contraste.

En esta parte, la crítica al belicismo se muestra más contundente, al contrario que en la primera parte que tiene más toques de humor para tratar de banalizarlo. Tampoco hay que equivocarse, hay muchas escenas de la segunda parte de la película que ridiculizan la guerra de Vietnam (cuando la cámara realiza primeros planos de los soldados alrededor de un cadáver de un compañero y recuerdan lo mucho que se masturbaba, por ejemplo), pero esta parte no es única y exclusivamente una burla tras otra, como lo es la primera parte. El recluta Bufón gana protagonismo en la segunda parte y hace honor a su mote para aportar ese sentido del humor que poco se ve en los films bélicos. Los personajes carismáticos tampoco faltan en esta segunda parte, como el soldado del helicóptero que dispara a civiles y presume, entre risas, de haber matado a cientos de ellos, incluidos mujeres y niños, a los que “solo hay que apuntar mejor”.

La escena final vuelve a mostrar esa dualidad de la que habla Bufón cuando le preguntan el porqué de que en su casco ponga “Nacido para matar” pero lleve una chapa pacifista. En ella se ve a un grupo de soldados en Vietnam que anda entre ceniza y sombras mientras canta una canción infantil para concluir con los títulos de crédito acompañados de ‘Paint it black’. Simplemente, Stanley Kubrick.

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“Aquí mi fusil, aquí mi pistola. Uno da tiros, la otra consuela”. Fuente: johnrieber.com

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