‘WHIPLASH’, de baquetas a palos

Cartel publicitario de Whiplash. Fuente: Tumblr

Cartel publicitario de Whiplash. Fuente: Tumblr

Una pantalla negra subyugada a un redoble accelerado de batería, que desemboca en la imagen del protagonista dentro de un conservatorio en penumbra. Con estos treinta segundos, sumergidos totalmente en el género musical, Damien Chazelle nos dirige hasta el protagonista de su historia, Andrew Neyman (Miles Teller). A continuación, y sin descanso, el director nos presenta al personaje que acompañará a Neyman durante toda la película, Terence Fletcher (J.K. Simmons). Este aparece de forma siniestra al final del pasillo e inicia el primer diálogo, el cual será reflejo de la relación entre ambos durante toda la película; una intensa lucha del alumno, en búsqueda de la aceptación, contra el maltrato y obsesión del maestro.

Anrew Neyman (Miles Teller) en la primera escena de la película. Fuente: LATime

Andrew Neyman (Miles Teller) en la primera escena de la película. Fuente: LATime

El director estadounidense, como ya hizo con el guion de ‘Grand Piano’, utiliza la historia de ‘Whiplash’ para redimirse de su carrera frustrada como músico. A mi parecer, un argumento donde, lejos de llegar a ser totalmente fiel al aspecto técnico-musical de la película, se aprovecha de esta para contar una historia mucho más pasional y profunda sobre la presión que sufren los músicos de élite. Pues, si bien ha apasionado al público de a pie, muchos grandes músicos han criticado su falta de realismo con la vida de un músico real. Otra de las críticas que se le da, durante toda la película, es la ligadura virtuosismo-rapidez en un género tan calmado como es el jazz, a la cual se une el pensamiento de que para triunfar en la música has de ser individualista y competitivo.

Además del gran guion realizado por Chazelle, debo destacar tres puntos fulgurantes de la película: la fotografía, la banda sonora y, por supuesto, la espléndida interpretación de J. K. Simmons en el papel del profesor Fletcher.

La fotografía, a cargo de Sharone Meir, es uno de los apartados donde la película fue nominada en los Oscar, aunque no fue suficiente para superar el ‘falso plano-secuencia’ de Birdman. Sus contrastes de iluminación cálida en ambientes de interpretación musical, e iluminación fría en la parte más personal de la película orienta perfectamente al espectador hacia los sentimientos del protagonista. Junto a esta iluminación, nos encontramos con planos cerrados donde hasta unas simples gotas de sudor y de sangre en un platillo adquieren la significación completa de la película.

Platillo ensangrentado. Fuente: Tumblr

Platillo ensangrentado. Fuente: Tumblr

La banda sonora de una película, donde el centro de todas las miradas (o de todos los oídos) es la música, debe estar a la altura de esta, y Justin Hurwitz -director de sonido- lo consiguió con una magnífica composición de 14 temas que acompañan al protagonista durante toda la película. Pero si hay que resaltar dos temas que expresen a la perfección el ritmo de la película habría que escuchar el tema ‘Caravan’ de John Wasson, y por supuesto, ‘Whiplash’ de Hank Levy.


 [Aquí os la dejo para que disfrutéis de ella mientras termináis.]

Si bien es cierto que el personaje de Terence Fletcher apunta en un inicio hacia un rechazo por parte del público, por el carácter que quiso imprimirle Damien Chazelle, J.K. Simmons hace de él, el factor clave de la película. El actor consigue darle al personaje ese aire de ‘general-de-ejército’ que consigue hundir a sus alumnos en la más profunda miseria con una mirada o con una palabra. Pero es que, además, la expresión física de Simmons concuerda perfectamente con el diálogo que le es asignado. Un papel en el que se incluyen constantemente degradaciones, insultos variopintos e incluso agresiones físicas, que le dan a la película esa dosis de realidad sobrepasada. Sin embargo, fuera de esta envoltura de autoridad totalitaria, el director nos intenta mostrar la parte más dulce y sentimental del personaje (fuera del terreno musical, por supuesto) en una escena de ternura junto a la hija pequeña de un conocido.

Terence Fletcher (J.K. Simmons) gritando a Andrew Neyman (Miles Teller)

Terence Fletcher (J.K. Simmons) gritando a Andrew Neyman (Miles Teller). Fuente: Andy McKendry

Pero no nos olvidemos de Miles Teller. El actor ejecuta a la perfección la gran partitura que es su papel en la película; llevado hasta el límite, no solo por la excesiva presión que ejerce Fletcher sobre él, sino por la que se impone él a sí mismo en busca de la aceptación tanto del profesor, como de su padre (Paul Reiser). Esta obsesión le lleva durante toda la historia a mantener al margen cualquier distracción que pueda alejarle de ese camino, como mantener una relación con Nicole (Melissa Benoist) y prepararse exclusivamente para llegar a la cima del jazz. Pero Andrew Neyman (como personaje) no fue el único que practicó sin descanso para alcanzar su objetivo, de hecho, para este papel, el propio actor tuvo que aprender a tocar la batería. Hecho que no le fue difícil como indicó en una entrevista con Jimmy Fallon, debido a que ya tocaba la batería desde los quince años. Aún así, tuvo un entrenamiento intensivo de cuatro horas al día, tres días a la semana, durante tres semanas.

A pesar de que ‘Whiplash’ es una película de una gran categoría, debo decir que soy consciente de que no será una de esas películas que pasan a la historia del cine de élite. Pero ahí es donde sale a relucir un factor determinante de esta obra, su bajo presupuesto respecto a las grandes obras del séptimo arte. ‘Whiplash’ tiene su origen en el año 2013, año durante el cual el director no contaba con el presupuesto necesario para la realización del film, por lo que decide emitir un corto con el fin de llamar la atención de inversores. Hecho que consigue, y al año siguiente fue capaz de realizar su obra al completo con un presupuesto de 3,3 millones de dólares y que, aún así, recaudó cuatro veces el valor de su inversión.

En definitiva, una obra con una estética muy bien cuidada durante toda la película, tanto a nivel de imagen como de sonido; acompañada de una gran interpretación de los actores principales, Teller y Simmons; y que, a pesar de su corto presupuesto, no se echa en falta ningún elemento (ni de decoración, ni de equipo técnico).

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2 comentarios en “‘WHIPLASH’, de baquetas a palos

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