‘Slow West’, un western atípico

slow wesr

Admito que no soy el más indicado para escribir la crítica sobre un western. Nunca he sido muy del Oeste, un género en sí mismo si hablamos de cine. Mi mayor lazo con esa etapa de la historia de los EE.UU. es un fuerte de Playmobil que mis padres (perdón, los Reyes Magos) me regalaron cuando tenía cinco o seis años. Pero nada más a partir de ahí. Desconozco la filmografía de Sergio Leone, mi película preferida de Clint Eastwood es Gran Torino y nunca he llegado a ver a John Wayne en pantalla. De hecho, la única película de Quentin Tarantino que aún no he visto, a pesar de las continuas recomendaciones de mis compañeros de blog, es Django Desencadenado. Quizá las interminables tardes que pasaba con mi abuelo sin mayor entretenimiento que los espaguetis que echaban en Canal 9 todos los días, inculcaron en mi ADN un reflejo natural contra todo lo que tenga que ver con el salvaje Oeste. Como el que se le queda a los galgos. El miércoles tuve que rebelarme contra este instinto e ir un cine de Valencia para ver Slow West, mi estreno, también, en el denominado cine de autor. Y me gustó.

A pesar de mi inexperiencia en el género, creo que acierto al decir que este no es un western al uso. No es, al menos, como los que yo recordaba. En mi memoria quedan retazos de esas películas en forma de sheriffs malos malísimos, bandidos que intentaban ser carismáticos, asaltos cutres a trenes y bancos o gente cayendo de los balcones al recibir un disparo. Nada de esto encontrarán en Slow West. La bonita parábola que John Maclean dibuja en su estreno en esto del cine quedará grabada a fuego entre mis recuerdos como una historia bellísima en su extrañez.

Los dos protagonistas, en un Oeste algo verde. - Fuente: dvdtalk.com

“¿Dónde coño está el matojo rodante?”. Los dos protagonistas, en un Oeste algo verde. – Fuente: dvdtalk.com

Precisamente esa doble cara de Slow West sea, quizá, su mayor inconveniente. La película no gustará a los amantes del Oeste clásico, que verán en cada fotograma de esta película un escupitajo sobre la tumba de Leone. Un ejemplo: a pesar de que la película presume ambientarse en el desierto del Colorado, ha sido rodada enteramente en Nueva Zelanda. Nada, pues, de paisajes marrones y naranjas, enormes mesas erosionadas por el viento y el típico arbusto seco que rueda empujado por el viento (estepicursor, gracias Wikipedia) como único atisbo de vegetación. Hay llanuras desiertas, sí, pero el verde predomina en la vista, presidida siempre por las majestuosas montañas neozelandesas en el horizonte. Un western color hierba, se extrañará el lector. Pero nada en esta película está elegido sin una intención. La fotografía es un modo más de mostrar el contraste entre lo bello del paisaje y el salvajismo de sus inquilinos. A través de ella el director muestra, a su vez, la romántica forma en que el joven protagonista, Jay (Kodi Smit-McPhee, al que veremos en X Men: Apocalipsis como un joven Rondador Nocturno), observa el salvaje Oeste.

Hay un poco de John Maclean en Jay y su camino hacia lo desconocido. El recorrido que al que el protagonista se enfrenta, un mundo inhóspito y hostil para él, aunque no se dé -o no quiera darse- cuenta, es también el de un director que se adentra por primera vez en el extraño mundo de los noveles en el cine. Jay, eso sí, tiene la suerte de contar con Silas Selleck (un gran Michael Fassbender) como acompañante en su viaje, el hombre que lo zarandeará de su nube hacia el lodazal en que realmente se encuentran, pero que también aprenderá de su joven amigo. El inevitable vínculo que se forma entre los dos da la mejor historia de compañerismo en un western desde Dos hombres y un destino (esta sí la he visto, peliculón).

No había Gillettes en aquella taberna. Silas (Michael Fassbender) hace un hombre a Jay (Kodi Smit-McPhee) - Fuente: indieadam.com

No había Gillettes en aquella taberna. Silas (Michael Fassbender) hace un hombre a Jay (Kodi Smit-McPhee) – Fuente: indieadam.com

El viaje de Jay en busca de su amada Rose Ross (Caren Pistorius, Offspring) da para mucho, a pesar de la poca duración del filme. La historia, construida sobre escasos pero inteligentes diálogos, avanza regada por un humor, podría decirse, inapropiado, que recordará al espectador más cinéfilo a los Coen o Tarantino. La banda sonora es otro de los puntos fuertes. Con una melodía repetitiva -que no cansina-, nos induce en un estado de optimismo tenso, en el que, a pesar de la alegría, no podemos fiarnos de cuál será el siguiente movimiento.

El impecable debut en la dirección de John Maclean trae un film redondo en todos los sentidos. A pesar de ello, es una película muy personal y un western particular donde los haya. Por tanto, es muy probable que no guste a todos, sobre todo a aquellos amantes del Oeste de toda la vida -qué es esto, se preguntarán al verla-. Quienes sepan verlo con otros ojos, encontrarán una experiencia muy bella con el visionado de la película. Y, desde mi experiencia, vale la pena intentarlo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s