El impacto de Ridley Scott en el cine de ciencia ficción (Parte II): Blade Runner

Ridley Scott junto a Harrison Ford en el set de rodaje de Blade Runner. Foto: Cinemanía

Ridley Scott junto a Harrison Ford en el set de rodaje de Blade Runner. Foto: Cinemanía

Después de dirigir Los duelistas en 1977 y con la producción de Alien, el octavo pasajero entre manos, Michael Deeley -productor de The Italian Job (1969) o El cazador (1978) entre otras cintas- hizo llegar a Ridley Scott el guion de Blade Runner.  A Scott le sedujo la idea, pero al tratarse de una cinta de ciencia ficción rechazó el proyecto por miedo a quedar encasillado.

Ciertamente, el guion de Blade Runner pasó por varias manos antes de que Ridley Scott decidiese, por fin, llevarlo a la gran pantalla. Inspirado en una novela escrita en 1968 por el estadounidense Philip K. Dick titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, captó la atención del mundo del cine como posible proyecto bien temprano. Un año después de ser publicada, un joven pero prometedor director estadounidense de ascendencia italiana llamado Martin Scorsese se interesó en adaptar la novela. Finalmente el proyecto de Scorsese no llegó a buen puerto y el guion llegó al director Robert Mulligan quien planteó como posible título de la cinta Dangerous Days (título que heredaría el documental sobre la producción de Blade Runner estrenado en 2007), pero debido a unas diferencias creativas con el productor y guionista Hampton Fancher, también descartó la posibilidad de llevar la historia de Dick al cine. Ya en 1980, Deeley ofreció el guion a Ridley Scott, y pese a la negativa inicial mencionada anteriormente, el británico aceptó finalmente el proyecto y  sumó a su equipo a David Peoples, quien introduciría grandes cambios respecto a la versión que había escrito Fancher.

Con el guion dando tumbos entre unos guionistas y otros, se creó un clima que parecía prever el fracaso que posteriormente sería Blade Runner en taquilla. Ridley Scott y Peoples remaban en una dirección, mientras que el resto de productores lo hacían en sentido contrario. Pero pese al batacazo que se dio en taquilla, la cinta adquirió rápidamente el estatus de película de culto y se convirtió en una de las cintas de referencia en el campo de la ciencia ficción para próximas películas.

La película narra las vivencias de Rick Deckard (Harrison Ford), un detective retirado a quien le encargan  que ejecute (en la película utilizan el termino retirar, como si de  aspiradoras se tratasen) a un grupo de replicantes (androides que son externamente idénticos a los seres humanos pero con mejores capacidades físicas, ya que son usados como esclavos que hacen trabajos forzosos, y con la capacidad de sentir emociones pero carentes de recuerdos y sin la emoción humana de la empatía) por haberse rebelado contra los humanos.

Pese a que la trama podría parecer un refrito de algo empleado muchas veces en las obras de ciencia ficción –rebelión de  las máquinas contra los humanos-, Blade Runner va más allá y plantea un debate filosófico sobre quiénes son los verdaderos humanos en esta distópica sociedad. ¿Son los replicantes menos humanos que los habitantes de una sociedad que se dedica a ejecutar o esclavizar seres con emociones y sentimientos?

Este dilema asalta la mente de Deckard a lo largo del filme, dándose cuenta de que esos seres artificiales son tanto o más humanos que él mismo. Este conflicto interno en la mente del protagonista llega a su punto álgido con el monólogo final de Roy Batty (encarnado por Rutger Hauer, actor que improvisó las últimas palabras de su personaje). Para darle más valor añadido al discurso, el encargado de doblarlo a nuestro idioma fue el gran Constantino Romero.

Pero dejando de lado a los replicantes y al detecive Deckard, encontramos uno de los elementos más aclamados de la cinta, la ciudad de Los Ángeles. En el año 2019 Blade Runner imagina un Los Angeles con coches voladores, calles lúgubres y altísimos rascacielos con imponentes pantallas de neón que iluminan el cielo y remarcan el contraste entre el suelo oscuro y el cielo iluminado- Más o menos un híbrido  grotesco entre la actual Nueva York y una ciudad asiática superpoblada como Tokyo o Hong Kong.

Esto podría interpretarse también como una crítica al consumismo desenfrenado y al capitalismo. Una crítica a una sociedad que explota a los trabajadores (en este caso, replicantes) e induce al consumo de productos inútiles que satisfarán los deseos de los consumidores. Paradójicamente, Blade Runner nos muestra una sociedad  sumida en el hastío y la monotonía. Una sociedad gobernada por el cinismo y la crudeza. Una humanidad harta de su existencia, disgustada consigo misma y con sus actos. Esto contrasta totalmente con el amor por la vida de los replicantes. El ímpetu por sobrevivir y el ansia por escapar de la muerte que muestran los androides. Androides que saben que cuando se agote su periodo vital (4 años), morirán y pese a ello, reman contra viento y marea para sobrevivir.

Blade Runner sigue el camino que marcaron otras distopías como Cuando el destino nos alcance (1973) o Metropolis (1927), es decir, muestran una sociedad tecnológicamente avanzada pero con males endémicos insalvables. Precisamente a la cinta de Fritz Lange debe mucho la película de Ridley Scott , ya que para muchos expertos Blade Runner se inspira directamente en la cinta alemana. Ambas muestran futuros fríos, con luces y sombras y ciudades con edificios descomunales que muestran un paisaje desangelado. Mundos en los que una parte de la sociedad (obreros en Metrópolis y replicantes en Blade Runner) son usados como esclavos.

En conclusión, Blade Runner muestra una realidad bastante cruda sobre lo que ocurriría en caso de que la humanidad consiga tener el dominio de los principios biológicos – como ocurre en Gattaca (1997)-. ¿Se crearían réplicas exactas de nosotros que serían utilizadas como esclavos? En ese sentido Blade Runner introduce uno de los tópicos más utilizados en el cine de ciencia ficción, el invento que acaba provocando consecuencias terribles o debates éticos y morales respecto a su uso.

En cuanto al tono, cabe destacar que se trata de una película con un ritmo lento y en la cual la trama avanza de manera pausada. Rehúye totalmente de los blockbusters de ciencia ficción actuales marcados por un ritmo frenético y efectos especiales que tapan los agujeros del guion. La cinta de Scott es, ante todo, una invitación a participar en el dilema filosófico que muestra.

Los Angeles en 2019 según Blade Runner. Foto: Europa Press.

Los Angeles en 2019 según Blade Runner. Foto: Europa Press.

Hoy en día la crítica es prácticamente unánime respecto a su opinión sobre Blade Runner. Por ejemplo, la revista americana Empire situó la cinta de Ridley Scott en la posición nº 20 en la lista que hicieron sobre las mejores películas de la historia. Por su parte, otros medios como IGN.com o el periódico británico The Guardian  la sitúan en lo más alto de las listas sobre películas de ciencia ficción.

La herencia que deja Blade Runner en el mundo de la ficción es incalculable. Por ejemplo, las referencias a la película en ficciones realizadas posteriormente, como Futurama (1999), son incontables. Otras películas como Matrix (1999), Juez Dredd (1995) o Johnny Mnemonic (1995) beben directamente de algunas ideas mostradas en Blade Runner, sobre todo en aspectos técnicos. Otra película de ciencia ficción de finales de los 90’, Dark City (1998), también recoge algunas de las ideas vistas en Blade Runner, como el aspecto de la ciudad o la implantación de ideas o recuerdos en la mente de los humanos. De la influencia que tuvo Blade Runner en la trilogía de Nolan  sobre el Caballero oscuro ya hablamos aquí.

Además, Blade Runner fue una de las obras precursoras del Cyberpunk,  un subgénero de la ciencia ficción conocido por su enfoque en un futuro distópico con alta tecnología y bajo nivel de vida. Mezcla avances científicos, tecnología e informática con degradación del espacio geográfico o cambios en el orden social. Se trata de un subgénero que trasciende más allá de la gran pantalla y que llega hasta la literatura o los cómics.

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Pero el legado de Blade Runner no queda ahí. Recientemente se ha confirmado que en 2017 habrá una secuela. Esta vez Ridley Scott dejará la dirección del film en manos del canadiense Denis Villeneuve –director de Prisoners (2013), Enemy (2013) o Sicario, cinta que se estrena el 13 de noviembre y de la que hablaremos en el blog próximamente- y él se encargará únicamente de la producción de la película. Por el momento el reparto solo cuenta con la presencia de Ryan Gosling- Drive (2011)- y Harrison Ford, quien según Ridley Scott dijo que el guion de la secuela de Blade Runner es el mejor guion que había leído nunca. Scott también aseguró que en esta secuela también saldremos de dudas sobre si Rick Deckard es un replicante.

Y parece que el tirón de Blade Runner no se quedará en una simple secuela. “Todo el mundo lo está haciendo, ¿por qué no? Me encanta trabajar. Los franceses dicen ‘Trabaja para vivir’, pero yo vivo para trabajar. Soy muy afortunado de tener un trabajo que adoro”, respondió Villeneuve al ser preguntado por otras posibles secuelas de la cinta.

Veremos si el afán económico acaba estirando el chicle más de la cuenta y Blade Runner sufre el efecto que están sufriendo otros clásicos como Jurassic Park o Indiana Jones cuyas secuelas están siendo decepcionantes.

PD: Próximamente haremos algo especial para hablar de la última aportación de Ridley Scott a la ciencia ficción (The Martian). Estad atentos.

PD 2: De Prometheus mejor no hablar porque echaría por tierra todo lo que ha conseguido Ridley Scott en el mundo de la ciencia ficción. Todos los artistas tienen algún borrón a sus espaldas. Se lo perdonaremos al bueno de Ridley en caso de que la secuela (Alien: Paradise Lost) arregle el entuerto.

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2 comentarios en “El impacto de Ridley Scott en el cine de ciencia ficción (Parte II): Blade Runner

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