‘Scrubs’, o cómo llegar al hueso de la risa

SCRUBS -

SCRUBS – “Scrubs” Médicos y secundarios de Scrubs. Foto: NBC.com

“Es que creo que la comedia está minusvalorada en todo el mundo. En los Oscar, por ejemplo, una película de coña no se lleva premio así lo maten. […] Y esto pasa continuamente con el ejercicio artístico de la comedia. Si sabes que es comedia parece que el mensaje pierde fuerza y valor. No voy a decir que hacer llorar me parezca fácil, pero sí es mucho más fácil que hacer reír de una manera sincera y honesta, no hablo de un tartazo en la cara. Veo muchísimo más mérito en cualquier capítulo de Rockefeller Plaza que en Mujeres desesperadas, que tiene ese tono de ‘dramedy’. Está pasando en Hollywood, pues en España también se aplica”.  Esto respondía el inclasificable Pepe Colubi en una entrevista a la revista Jot Down al ser preguntado por la capacidad dramática de la comedia y como esta era desprestigiada en detrimento de otros géneros. Curiosamente, en la misma entrevista Colubi decía lo siguiente sobre la serie de la que os voy a hablar: “[…] También fui muy feliz cuando hace dos años Neox emitía Scrubs, tres o cuatro capítulos diarios. Fue una manera de ponerme al día con la serie, que me parece fantástica. Acabé siendo muy fan.”

Scrubs es una comedia estadounidense que empezó a emitirse en 2001, producida y dirigida por Bill Lawrence, co-creador de la mítica serie Spin City y guionista de algunos episodios de Friends. Una serie que, hasta que finalizó su emisión en 2010, acumuló 19 premios y recibió hasta 67 nominaciones, entre las que destacan 3 nominaciones a mejor serie de comedia en los Globos de Oro y 12 más para los Emmy de los cuales consiguió ganar dos.

La historia narra la trayectoria de J.D. (Zach Braff), un joven e inmaduro interno de medicina que de vez en cuando tiene imaginaciones o sueña despierto sobre situaciones realmente disparatadas y que entra al Sagrado Corazón –nombre del escenario principal de la serie- con ganas de comerse el mundo. Y con él entra Turk (Donald Faison), interno de cirugía y personaje con el que el protagonista forma uno de los mejores bromances de la historia de la televisión. Nada más entrar al hospital, ambos se dan cuenta de que llegar a ser buenos médicos no será un camino de rosas y de cómo funcionan las cosas hoy en día en el mundo de la medicina, gracias, en parte, al director del hospital, Bob Kelso (Ken Jenkins), un hombre cínico que ha acabado quemado por culpa de la vida del médico y  al doctor Perry Cox (John C. McGinley), un médico cascarrabias y narcisista que pese a ser el mejor en lo que hace, peca en exceso de soberbia. Este último además asume (de forma involuntaria e inconsciente) el papel de mentor de J.D. en su camino hacia ser un gran médico.

Allí también conocen a Carla (Judy Reyes), una enfermera latina que tiene un trato muy cercano con los pacientes y que mueve en la sombra más hilos de los que se le presuponen y a Elliot (Sarah Chalke), una interna de medicina, como J.D.,  excesivamente competitiva que busca la aprobación de sus padres. Además, la plantilla del Sagrado Corazón la engordan un gran número de excelentes secundrios como El Conserje (Neil Flynn), personaje que se la tiene jurada a J.D. desde el primer momento, Ted (Sam Lloyd), un abogado extremadamente patoso, Jordan (Christa Miller), miembro de la junta directiva y ex mujer del doctor Cox, Laverne (Aloma Wright), una enfermera excesivamente creyente y con una pasión desenfrenada por el chismorreo o Todd (Robert Maschio), un interno de cirugía que siempre lleva al terreno sexual cualquier conversación, por rutinaria que sea.

De derecha a izquierda: Doctor Cox, El conserje, Elliot, J.D., Carla, Turk y el doctor Kelso. Foto: ABC.com

De derecha a izquierda: Doctor Cox, El conserje, Elliot, J.D., Carla, Turk y el doctor Kelso. Foto: ABC.com

Cabe destacar el gran número de cameos por parte de actores y celebrities que hacen acto de presencia en la serie, como Kareem Abdul-Jabbar, Collin Farrell, Michael J. Fox, Heather Graham, Matthew Fox o Brendan Fraser (quien protagoniza uno de los momentos más dramáticos de la serie).

La serie va acompañada en todo momento por la voz en off del protagonista, quien rompe la cuarta pared y transmite al espectador sus pensamientos e inquietudes. Además, al final de cada capítulo, J.D. remata el episodio con una reflexión filosófica que aporta un toque diferente y trascendental a esta comedia.

Uno de los puntos fuertes de la serie es la forma en la que trata a sus personajes y la relaciones que los une. En primer lugar, todos los personajes están perfectamente definidos. Tienen sus formas de actuar, sus rasgos característicos y sus ideales perfectamente delimitados, pero el roce con el resto de personajes les hace evolucionar de forma progresiva conforme avanza la trama, de manera que los personajes mutan del primer al último capitulo de la serie sin que el espectador pueda apenas percatarse del momento exacto en el cual el personaje ha comenzado su metamorfosis.

Quizá a partir de la quinta temporada se pueda apreciar un pequeño bajón de calidad que se mantendrá hasta el final de la octava coincidiendo con la madurez de los personajes, que pasan de ser jóvenes estudiantes de medicina a adultos con responsabilidades. Pese a ello, la serie mantiene un nivel excelente durante las 8 temporadas que la forman (se intentó hacer un spin off  llamado Scrubs: Med School que fracasó) y concluye de forma magistral, en uno de los mejores y más emotivos finales de los que he podido disfrutar.

Con esto, llegamos a la conclusión de que Scrubs es una sitcom. Una sitcom como la mayoría de las series con las que Estados Unidos está bombardeando recientemente en nuestro país como Dos hombres y medio, Como conocí a vuestra madre, The Big Bang theory o New Girl. Además, es una serie sobre médicos. Una serie sobre médicos como lo son Urgencias, Anatomia de Grey, Hospital Central o House. ¿Cuál es entonces la fórmula que hace de Scrubs una serie diferente?

Al igual que la mayoría de las series anteriormente mencionadas, el humor es la base de su éxito. Pero a diferencia de todas estas, Scrubs no pone límites a su humor. En un mismo capítulo podemos ver  desde humor absurdo digno de Padre de Familia a bromas paródicas que los mismísimos Monty Python firmarían pasando por bromas de humor inteligente o de humor simple y torpe. Pero, sin duda alguna, lo que convierte a Scrubs en una serie diferente son los toques dramáticos que adquiere la trama en algunos capítulos. No olvidemos que, al fin y al cabo, la serie está ambientada en un hospital.

Sin pretender ser un drama, ni mucho menos, Scrubs consigue en más de una ocasión llegar a tocar la fibra sensible del espectador. Y, en esto, también juega un papel crucial la gran banda sonora que corona el dramatismo que la trama intenta transmitir.

Volviendo a la entrevista que mencionaba al principio de la crítica, Colubi lanza una frase que describe Scrubs a la perfección.  “La reflexión a través del humor me parece una actitud vital, filosófica”. Y eso es Scrubs, una comedia que no se toma en serio, pero cuando lo hace, ojo, por que trasmite mucho más dramatismo que la mayoría de los dramas que podemos ver en la programación de nuestros televisores. Pura filosofía.

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Un comentario en “‘Scrubs’, o cómo llegar al hueso de la risa

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