Nuestra visión de la tragedia

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El cine, como todas las artes, siempre se sujeta a múltiples interpretaciones. Cada hijo de vecino tendrá una opinión y una visión distinta sobre cada película, sobre cada serie. Le aportará algo distinto, según su propia historia. Desde Reservoir Bloggers nos hemos propuesto unir algo tan dramático como los atentados de ayer con algo tan especial como es el cine. Para ello, cada uno de nosotros hemos aportado un enfoque de lo ocurrido desde una perspectiva cinematográfica. Porque las películas o las series, aunque pensadas para entretener, también pueden enseñar. Esperamos que os guste.

‘El Joker y lo imprevisto’, por Adrian Gisbert

El Joker es, quizá junto a Magneto, el único villano del mundo que podría llegar a convencerte de que tiene razón. En este clip de El caballero oscuro se basta con dos minutos de monólogo para convertir al paladín de Gotham en otro asesino más. Lo hace, eso sí, con un discurso construido sobre una mentira: por supuesto que el payaso tenía un plan en la película. Maquina al mismo nivel que la mafia, los polis o Gordon. Es más, siempre lo hace varios pasos por delante que el resto. La conversión de Harvey Dent al lado oscuro es su as en la manga, su victoria sobre Batman. Y lo hace creando en Dos Caras la sensación de que mediante el caos uno puede llegar a tener el control. Aunque sea solamente una ilusión para él (ese dedo en el percutor del revólver).

Quería poner el acento, en un día como hoy, en una de las líneas del diálogo entre Ledger y Eckhart. La única -pero enorme- verdad que suelta el Joker en su monólogo: “¿Sabes qué he notado? A nadie le entra el pánico cuando todo va según lo previsto. Aunque lo previsto sea terrible”. Y terribles son los atentados de anteayer en Bagdad y Beirut: veintiún muertos en el primero, más de cuarenta en el segundo. Ambos, también, reivindicados por el Estado Islámico. Como estos, decenas a lo largo del año, que dejarían la cifra de fallecidos ayer en París (sí, trágica: 127) en algo menor, si se me permite la expresión. Pero, por desgracia, entran todos en lo previsto. Y, como dice el Joker, nadie por aquí pierde la cabeza.

‘¿Es necesario establecer un malo?’, por Lucas Calabria

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Viñeta sobre las armas e ISIS. Fuente: Metiendoruido

Estados Unidos, y por ende, el resto del ‘mundo occidental’ está encantado con la idea de que exista un ‘malo’ de la película. En Homeland, por ejemplo, se genera una inquietud constante hacia un posible atentado terrorista. ¿Alguien cree que la gente se alegra más por detener una guerra civil en Siria que por cazar al cabecilla de una banda terrorista? Lo dudo. Series como Homeland te muestran que lo que de verdad importa a los ciudadanos es matar al líder terrorista, al infiltrado de turno o, simplemente, evitar un atentado. ¿Quién puede determinar que unos son los buenos y otros los malos? Claro, nosotros somos los buenos porque cuando nos salpica la sangre queremos solucionar todos los problemas del mundo. Simplemente, somos lo que nos dicen que seamos.

Para los líderes de los países, lo que de verdad importa es el dinero. Bienvenidos al mundo del siglo XXI. Nosotros justificamos nuestro gasto en misiles metiéndoos miedo. Si el atentado no es directamente a mí, mejor dejémoslo estar, que me están comprando las armas y encima no se quejan de que digamos que son los malos. En el atentado del 11 de septiembre de 2001 murieron 3.016 personas (incluidos los pasajeros del avión y los terroristas). En la guerra de Iraq, el dato que se ha marcado giraba en torno a los 600.000. Deuda saldada. ¡Una vez más, hemos ganado! ¡Pero cuidado! Los siguientes podríais ser vosotros, que lo han dicho en Twitter.

‘Las gárgolas de Notre Dame’, por Jorge Gil

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Es curioso que una película de Disney me pueda servir como metáfora para la tragedia parisina de anoche. Una película que nos habla de cómo una persona se ve obligada a vivir escondido en lo alto del campanario de una catedral. Lo único que ha conocido de cerca durante su vida son tres gárgolas de piedra y a su amo, quien no le deja bajar a la calle. Un día, esas tres gárgolas le impulsan a tomar una decisión muy valiente, la de bajar. Les tiene que agradecer que le hayan ‘empujado’ a tomar la decisión, pues sin ellas, no habría llegado a conocer a la persona con la que compartirá su mejor aventura. Exacto, se trata de ‘El Jorobado de Notre Dame’.

Sé que es difícil imaginar un símil con el ataque que ha sufrido la sociedad parisina estas últimas horas, aparte del desarrollo en la propia ciudad. Pero, me he dado cuenta que el argumento y desarrollo de esta película animada nos muestra la realidad de Francia y de París tras el ataque. Oculta bajo el terror, el pánico y el miedo se encuentra, en lo alto del campanario, la sociedad francesa. Amedrentada y encerrada, los ataques terroristas que ha sufrido le impiden que baje del campanario (o que salga a la luz, en este caso). Su única compañía son tres gárgolas de 1789 -petrificadas ya, desde hace siglos- que deben ser las responsables de ‘empujar’ a esta sociedad fuera de la oscuridad del terror y del pánico. ¿Sus nombres? Liberté, Égalité y Fraternité. La sociedad francesa, debe decidirse a bajar -no a escondidas, sino con fuerza- y conocer la esperanza y la voluntad que le llevarán a forjarse como una sociedad libre, valiente y unida. Pues como bien dice una de las gárgolas en la película: “Si mirar es lo único que se te ocurre, la vida es lo único que se te pasará de largo”.

‘Samba’, el lado humano de la inmigración, por Tono Gil

Tras la barbarie de anoche, seguramente se alzarán en los próximos días muchas voces partidarias de acabar con la inmigración en Francia, tal y como ya ha sugerido Marine Le Pen y su Frente Nacional en más de una ocasión.  En momentos de desesperación, la solución de intentar cortar de raíz con los problemas parece muy fácil y atractiva, aunque en esta ecuación muchos factores quedarían fuera del resultado final. Samba nos muestra precisamente estos factores por medio de Omar Sy (Intocable), que refleja la vida de un inmigrante en París que intenta ganarse la vida y salir adelante como buenamente puede. Esta película nos descubre el lado más humano de los inmigrantes en Europa y puede suponer para muchos una lección de tolerancia.

'Samba' - Fuente: Sensacine

‘Samba’ – Fuente: Sensacine

Mucha gente prefiere escudarse en patriotismos y culpar de los hechos a todo el que venga de fuera. Este relato personal que consigue sumergirse en las inquietudes de los protagonistas inmigrantes nos hará comprender que realmente no somos tan diferentes. Todos tenemos nuestras preocupaciones, nuestros vicios y nuestras costumbres. Posiblemente lo que más nos diferencia sea el lugar y la situación en la que nacemos. Este aspecto empuja al protagonista a buscar un futuro mejor fuera de las fronteras de su país natal y de paso ayudar a su familia en África económicamente. ¿Quiénes somos nosotros, los europeos, para negárselo?

Samba muestra las penurias por las que cualquier inmigrante tiene que pasar para conseguir un trabajo mínimamente digno. Aparte de eso, seguramente en Francia tendrán que aguantar ahora también la furia de una sociedad que se ve impotente ante lo que está sucediendo y descarga su frustración contra el estamento más bajo y desprotegido de la sociedad, cuando más bien deberían mirar arriba en busca de responsabilidad. Generalizar nunca es bueno, y menos en estos casos.

‘El odio es un lastre’, por Éric Úbeda Mompó

Derek Vinyard, racista y homofobo rehabilitado. Foto: Film.ru

Derek Vinyard, racista y homofobo rehabilitado. Foto: Film.ru

El odio. Un sentimiento que nace como una reacción negativa hacia algo. Una repulsión exagerada y la mayoría de veces irracional.

De pequeños odiamos las acelgas, las coles de Bruselas o las lentejas. Cuando somos adolescentes odiamos madrugar, las obligaciones o que nuestros mayores nos den órdenes. Y cuando somos adultos odiamos a nuestros jefes, al imbécil de nuestro  cuñado o que los jóvenes nos traten como ancianos.  Al final te das cuenta de que las lentejas no estaban tan malas, de que obedecer a nuestros mayores nos hace mejores y de que, en el fondo, nuestro cuñado tiene cierta simpatía.  Y nos damos cuenta de que el odio es un lastre. Un sentimiento que no nos permite avanzar y que nos hace peores. No en vano, las mayores tragedias provocadas por el hombre han sido gracias al odio. Odio a un colectivo, a un acto, a un sistema político, a una ideología o a una corriente religiosa.

El atentado que tuvo lugar ayer en París es otro acto motivado por el odio.  Y que, como efecto, provoca más odio. En primer lugar, fue gracias al odio que tiene el ISIS hacia Francia. Y debido a esto y como efecto dominó, en occidente está creciendo un sentimiento islamofóbico (sentimiento de hostilidad hacia el islam y, por extensión, hacia los musulmanes) que mete a todos los musulmanes en el mismo saco y  que provoca actos  tan atroces como el rechazo a los refugiados  sirios que lo único que quieren es escapar del infierno constante en el que viven.

Vivimos en una sociedad en la que se teme a lo desconocido, se rechaza a lo diferente y se odia aquello que pueda afectar o modificar nuestras propias creencias. Por suerte, al igual que le ocurre a Derek Vinyard en American History X, de vez en cuando ocurre algo que nos abre la mente, nos hace cambiar y nos libera de esa carga que supone el odio. Y así es como mejor se vive. Al fin y al cabo, “el odio es un lastre. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreado”.

‘Dos no se pelean si uno no quiere’, por Sergi Descalzo

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A menudo acostumbramos a enfocar los acontecimientos con poca perspectiva, o mejor dicho, desde una única perspectiva. Como bien decía el autor de ‘1984’, George Orwell, ‘la historia la escriben los vencedores’, y es por esto que en los libros de historia no aparecen fidedignamente recreados  unos hechos determinados, sino más bien versiones de los supervivientes, recreaciones subjetivas.  Clint Eastwood divagó acerca de esta idea y optó por hacer dos películas acerca de la Segunda Guerra Mundial,  en vez de hacer una americanada taquillera en un solo largometraje, prefirió desglosar el conflicto en dos visiones de la historia totalmente opuestas: ‘Banderas de nuestros padres’ y ‘Cartas desde Iwo Jima’. Ambas  tratan de explicar la historia de la batalla de Iwo Jima, pero la primera lo hace desde el punto de vista de los estadounidenses y la segunda desde la óptica de los soldados del ‘países del sol naciente’. Con esto el director consiguió elaborar una reproducción más fiel a la realidad que ninguna otra, el punto medio entre ambas historias.

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Hoy, el mundo sigue conmocionado por los trágicos sucesos acontecidos en el dia de ayer en la capital francesa. Me resulta muy difícil escribir esto sin dañar las sensibilidad de nadie. Como ya he dicho ‘la historia la escriben los vencedores’, y en este caso los ‘vencedores’ son los países del bloque occidental, que gozan de una posición privilegiada, puesto que sus habitantes no tienen que esquivar a diario regueros de sangre para ir al trabajo, al mercado o a la escuela. En este caso los ‘perdedores’ son los países del bloque oriental, que ante los medios de comunicación de todo el mundo son los ‘malos de la pelicula’, aquellos países a los que sistemáticamente se les tacha de terroristas cuando son ellos los que viven aterrorizados. Es cierto que el acto terrorista de ayer es deleznable y que no se debería repetir jamás algo similar, pero nada se dice de que durante la jornada de ayer varios aviones galos bombardearon Siria ¿Por qué? ¿Por qué vemos a Francia como la gran víctima de estos hechos? ¿Por qué sus victimas tienen nombre y apellidos y las victimas civiles muertas en territorio sirio por sus misiles no son más que números? Repito: condeno cualquier acto de terrorismo, no importa de qué parte proceda, es terrorismo. Por ello invito a todos a hacer un ejercicio de empatía , y que al igual que Clint Eastwood, intenten posicionarse en ambos lados del conflicto, porque no lo olvidéis: en una guerra siempre hay dos bandos.

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2 comentarios en “Nuestra visión de la tragedia

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