Dani Rovira y los estragos del ‘efecto mainstream’

ocho apellidos

Dani Rovira – Fuente: blogdecine

Para empezar quisiera explicar mediante un ejemplo un fenómeno que se da muy a menudo hoy en día. Pongamos que tenéis un músico o un grupo predilecto, al que habéis visto crecer desde sus inicios, orgullosos como unos padres al ver los primeros pasos de su hijo. Podéis estar escuchando sus temas día y noche y os seguirán sonando genial. Pero llega un día en el que uno de sus temas, precisamente uno de vuestros favoritos entra en la lista de los 40 Principales. La canción en cuestión empieza a hacerse popular y cada vez que pones la radio, ahí está. Al principio te hace gracia que una canción que tú ya llevas tiempo escuchando se haga famosa, luego comienza a irritarte un poco. En ese momento llega la fase en la que chicas que no han escuchado hablar del grupo/artista en su vida empiezan a publicar fotos en Instagram con la letra de la canción (preferiblemente en inglés) en la descripción. Tras esa aberración asumes ya que todo esta perdido, no hay vuelta atrás. Cuando ves en tu reproductor de música saltar aleatoriamente esa canción a la pantalla la descartas inmediatamente, e incluso cuando estás en el coche y suena por septuagésima vez la dichosa canción prefieres cambiar de emisora antes de que la melodía que antes tanto te gustaba te taladre los oídos de nuevo.

Esto podría llamarse el ‘efecto mainstream’ y es que, cuando algo bueno pasa a ser popular y cruza la barrera de lo cansino, ya no nos parece tan bueno y podemos llegar incluso a odiarlo. En este fenómeno existe cierta parte de egoísmo, sentimos que esas obras nos pertenecen de algún modo y el hecho de que pasen a manos de todo el público puede llegar a cabrear de una manera un tanto irracional.

Como podréis adivinar, os cuento todo esto porque el ‘efecto mainstream’ se puede extrapolar también al cine. En este ámbito cada uno puede recordar una película en especial en la que le haya pasado (o en más de una), sin embargo hoy, coincidiendo con el estreno de Ocho apellidos catalanes, pondré de ejemplo, no la película, sino el actor que ya fue el estandarte en la primera: Dani Rovira.

No se puede decir que sea alguien a quien haya seguido desde sus más remotos inicios, pero sí he disfrutado muchísimo con sus monólogos en El club de la comedia, allá por 2011. Esa horda de nuevos cómicos en alza como el propio Rovira, Ernesto Sevilla, David Guapo o Goyo Jiménez hacían que no me perdiese ni un solo episodio y que esperase impaciente el momento en el que entrasen a escena y me hicieran “partirme el culo” (como bien diría Ernesto Sevilla).

En el caso de Dani recuerdo particularmente un monólogo que podría calificar como mi favorito, no sería capaz de daros una cifra aproximada de cuantas veces lo he visto y me he reído con él.

 

Para mí, no hay duda de que es un buen comediante y lo ha demostrado en infinidad de ocasiones. Pero pasan los años y al igual que esa canción que de repente entra en los 40 Principales, Rovira da el salto a la gran pantalla con Ocho apellidos vascos (2014). Como  ya todos sabréis, fue todo un éxito en las taquillas de nuestro país, de hecho se convirtió en la película española más vista de la historia. No seré yo quien la critique, ya que debo confesar que cuando la vi por primera vez me reí mucho, qué le vamos a hacer. Además tenía el aliciente de ver cómo se desenvolvía Dani como actor y, desde luego, consiguió transmitir todo el humor que lleva dentro.

Hasta ese punto todo iba bien, pero entonces el ‘efecto mainstream’ hizo su aparición y de la noche a la mañana Dani Rovira se convirtió en toda una celebridad española. Estaba en boca de todo el mundo, incluso en boca de la prensa rosa, por su relación amorosa con Clara Lago. Todos los programas, como El Hormiguero B&B o los propios Premios Goya  han querido sacar tajada de la situación usando a Dani como colaborador. Por lo que pasamos de que el comediante hiciera apariciones esporádicas en El club de la comedia, con monólogos frescos y nuevos, a tenerlo todas las semanas en televisión. La línea que separa lo bueno de lo cansino empezaba ya a difuminarse.

Seguía haciendo monólogos de vez en cuando, pero aunque estos ya no fueran tan buenos como antes, la gente seguía considerándolos obras de arte. Hubieran considerado hasta un cuesco del comediante andaluz como “el último grito” en comedia si se hubiese dado la ocasión. Y claro, la aparición de la fama siempre va bien acompañada con su ración equivalente de haters. En este momento comenzaron a alzarse voces en contra de Dani Rovira, proclamando que no tenía gracia y poniendo en duda sus dotes como actor.

Quizás no haya vuelta atrás y ya no volvamos a ver a ese Dani Rovira que con cada monólogo nos hacía partirnos la caja. El ‘efecto mainstream’ ha hecho estragos en él y parece haber perdido ese aura de genialidad que le acompañaba. De todas formas yo no voy a caer presa del odio irracional a pesar de esto. En este caso, prefiero seguir esperando a que reaparezca la mejor versión de Dani Rovira, la de comediante espontáneo y ‘salao’. Porque Dani lo merece, por los buenos años de risas que nos ha dado. Y porque crucificar a alguien por el hecho de haber triunfado en exceso no es nada justo.

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Dani Rovira en uno de sus monólogos – Fuente: lasexta

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