‘El show de Truman’ y la tele de hoy en día

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Confieso, aunque esto pueda acarrear mi inmediata expulsión del blog, que vi entera la primera edición de Gran Hermano. Aunque a mi favor debo decir que por aquel entonces no me enteraba de mucho de lo que veía en pantalla, más allá de Toy Story o Rugrats: Aventuras en pañales. Corría el año 2000, yo contaba solo con cuatro veranos y no tenía poder alguno sobre el mando de la televisión de casa -de hecho, se me niega ese privilegio aún hoy-. Mis padres no se caracterizan precisamente por ser fieles seguidores de ese tipo de programas, pero el caso es que, por nuevo, decidieron darle una oportunidad a un formato que acababa de aterrizar en España. Tras el abrumador éxito en Holanda en su primera temporada, Telecinco compró la idea y la trajo a España un año después. El resto es historia viva de la televisión en España: 16 ediciones, multitud de concursantes, versiones VIP y decenas de miles de euros gastados en mandar SMS para salvar al favorito.

No entraremos a valorar en The Reservoir Bloggers la enorme mierda el programa en sí. Para ello ya hay críticos especializados en entretenimiento televisivo. Pero queríamos aprovechar el 15º aniversario de Gran Hermano para recordar el mejor filme que se haya hecho sobre telerrealidad. Vino, lo cual engrandece su mérito, un año antes de que el reality show por excelencia invadiera las pantallas de televisión a lo largo del mundo. Además, la película consiguió asociar, aunque parezca increíble, la llamada telebasura con la Grecia clásica, y se ha convertido por méritos propios en una de las películas más recurrentes en las clases de Filosofía del instituto. Hablamos, como bien ha spoileado el título del artículo, de El show de Truman, la genial crítica a este tipo de entretenimiento que Peter Weir nos trajo en octubre de 1998.

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A Truman le molaba mucho Led Zeppelin – Fuente: corpusmentesevilla.blogspot.com

Aunque sería injusto cargar todo el mérito de la genial idea que es El show de Truman en la figura de Weir (que también firmó otras grandes obras como El club de los poetas muertos). De hecho, gran parte de este recae en Andrew Niccol, nominado al Oscar por el guion de la película en el año 1999. Premio que, muy a mi pesar, se llevaron finalmente Marc Norman y Tom Stoppard por la sobrevalorada Shakespeare in love, film que ese año se llevó otras seis estatuillas. Muy a mi pesar porque pocos pueden presumir de imaginar una vida que es televisada en directo y no hacer el ridículo en el intento.La imaginación de Niccol, hecha imagen por Weir, nos trajo la historia de Truman Burbanks (Jim Carrey), un niño adoptado por una productora televisiva. Él vive su vida, sin saber que todos a su alrededor, incluido su círculo más íntimo, son actores, y el pueblo en el que viven, Seaheaven, un enorme plató de televisión. Su Gran Hermano particular, Christof (Ed Harris) es el director y el cerebro detrás del programa de mayor audiencia en Estados Unidos.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Eso sí, tanto a partir de lo real como de la ficción podríamos deducir, acertadamente, que una de las características más comunes en el espectador medio es el afán por vivir vidas ajenas a la propia. En El show de Truman se nos muestran diversos ejemplos de estos seguidores, desde abuelas fans del programa hasta un par de vigilantes que lo tienen sintonizado mientras cubren su turno en un parking. Y todos se identifican con el personaje interpretado por Carrey, celebran sus éxitos y lloran sus fracasos, y acaban la película pegados a la pantalla para ver la platónica decisión de su protagonista. Lo que vivirá, supongo, cualquier seguidor del programa de Mediaset -a excepción de esa referencia final al filósofo griego, por supuesto-. Aunque con la diferencia de que el protagonista de El show sea un entrañable Jim Carrey y el de Gran Hermano gente de la talla de Chiqui.

Jim Carrey como Truman y Ed Harris como Christof, protagonista y director, respectivamente, del show que da nombre a la película, merecen un aparte destacado. El primero, en su salsa, realizó en este film uno de los mejores papeles de su carrera, quizá junto a Eternal sunshine of the spotless mind y Man on the moon. Tres roles con gran carga dramática para el actor con más expresividad facial de la historia, que hacen que me cuestione si su eterna caracterización como tonto muy tonto ha obstruido a un excelente actor, sobrado de talento para interpretar el papel que le echasen. En El show de Truman se suele decir que hace de él mismo, pero lo cierto es que supo transmitir perfectamente el choque que supone para un oficinista simpático por cursi darse cuenta de que toda su vida ha sido una mentira, un conflicto lejos del carácter de otras películas del actor.

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Carrey y uno de los saludos más famosos del cine – Fuente: kubelika.com

Controlando la vida de Truman desde esa sala en la luna de Seahaven se halla Christof (Ed Harris), el maligno presentador del programa, al que ha dedicado una vida entera. Harris, que fue nominado al Oscar por el papel, supo contener a un personaje que podría habérsele escapado de las manos al más pintado, y nos trajo un Christof caracterizado por la frialdad de quien piensa que su trabajo es moralmente correcto. Por otro lado, Laura Linney aportó algunos de los momentos más absurdos de la película como la esposa del protagonista, en especial los anuncios que se veía obligada a hacer en el programa que era la vida de Truman.

Quizá el final pecó de cuento de hadas y restara puntos a la película. Pero al fin y al cabo, la historia de amor entre Truman y la extra Sylvia (Natascha McElhone) es el origen de los por qué que se pregunta el protagonista a lo largo de la película, y que le hacen finalmente rebelarse contra su entorno. Desde The Reservoir Bloggers recomendamos darle una alegría, antes de que eliminen su asignatura, a su profesor de Filosofía y ver si aún no lo han hecho El show de Truman las veces que haga falta, porque, además, es un film que mejora con el revisionado. Su televisión se lo agradecerá.

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2 comentarios en “‘El show de Truman’ y la tele de hoy en día

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