Un cartel vale más que mil palabras

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Me he levantado esta mañana, me he ido a hacer un examen y conforme volvía a casa he hecho un gesto bastante rutinario en mi día a día; he sacado el móvil, he puesto el patrón  de desbloqueo y he abierto Twitter. Al abrirlo me he encontrado con un sinfín de tweets sobre el inminente estreno de ‘Star Wars: El Despertar de la Fuerza’ – igual les suena, hemos comentado alguna cosilla por aquí – y apabullantes montajes con el cartel y los políticos, con jugadores de fútbol, con otras series, etc. Por tanto, al llegar a casa me he visto obligado a formar parte de este manejo del Photoshop y hacer un homenaje a la saga desde la portada de nuestro querido blog. La temática era fácil, ideas muy simples y muy representativas de la película que podían encajar perfectamente con nuestra cabecera: letras estilo jedi, fondo estrellado y soldados imperiales. Ha sido más sencillo de lo que creía, pero de repente, se me ha pasado por la cabeza la gente que vive de trabajos “similares” en el cine. Estoy hablando de los diseñadores de carteles. Crear desde cero en tamaño A3 – normalmente – un conjunto de imágenes que expliquen de manera explícita o implícita el film, sin llegar al spoiler. Duro trabajo, pienso yo. Por ello, quiero dedicar esta entrada a esos olvidados artistas.

Primero un poco de historia. ¿Cuándo surgió el cartel de cine? Surgió en Francia, al igual que el propio cine, con los hermanos Lumière a finales del siglo XIX. A principios del siglo XX, los diseños de estos carteles eran bastante diferentes unos de otros, ya que pertenecían a autores autónomos o empresas muy variadas en Hollywood y en Europa, la mayoría de artistas se regía por los pasos del Modernismo. Sin embargo, a partir de 1920 los carteles se homogeneizaron en cuanto a la estructura de la que siempre se destacaba a la estrella de la película; en estos momentos, Charles Chaplin o Douglas Fairbanks. Este formato se mantendría pero variaría según el artista, ya que nos adentramos en la época de las Vanguardias y cada diseñador lo veía de una forma diferente.

Pasada la primera mitad del siglo, llega un nuevo género que pondrá patas arriba la forma de diseñar estos carteles. El ‘pop-art’, que Wikipedia define como “un importante movimiento artístico del siglo XX que se caracteriza por el empleo de imágenes de la cultura popular tomadas de los medios de comunicación, tales como anuncios publicitarios, ‘comic books’, objetos culturales «mundanos» y del mundo del cine”. Podríamos decir que es “la pescadilla que se muerde la cola”; el arte-pop recoge influencias del mundo del cine, y a su vez, el cine utiliza el arte-pop para la propaganda de películas. Este formato/diseño de los carteles llega en los 60, ya con los Kubrik, Kurosawa, los inicios de Coppola, etc. Pero también con nombres como Tomi Ungerer, Hans Hillman, Heinz Edelman, Frank Fazzeta o Robert Peak; ilustradores encargados de llevar a cabo los carteles de muchos de los grandes directores de la historia. Y, como consecuencia de esta gran producción de directores estadounidenses que empezaban a surgir – Spielberg, George Lucas, Scorsese – el modelo norteamericano dentro del sector del diseño gráfico fue el que se impuso a nivel mundial (exceptuando algunos países asiáticos como China, Japón o la India). A nivel nacional, cabría recalcar las relaciones con el cine italiano y sudamericano, diseñadores como Forges e Iván Zulueta, y la época de censura del franquismo al cartelismo cinematográfico.

En cuanto a los grandes cartelistas cinematográficos de la historia pienso que sería aburrido que me las siguiese dando de entendido en el tema y, seguramente, si os dejo el enlace podáis conocer mejor a estos artistas. Yo me dedicaré a mostraros algunos de los que – para mí – me parecen dignos carteles del cine y que merecen un reconocimiento, y terminaré con una reflexión.

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[Tristemente no he podido encontrar a los autores de estas obras de arte]

Comenzaré la reflexión con una anécdota sobre un cartelista español de gran relevancia en el siglo XX. Su nombre es Francisco Fernández Zarza, pero era conocido como Jano.  La historia cuenta que un día el escritor catalán Terenci Moix vio a Jano en la Feria del Libro de Madrid, se le acercó, le cogió de las manos y le dijo: “No sabes la cantidad de petardos de películas que me habré visto por tus carteles”.

Lo que quiero nos recuerda esta anécdota es que – como bien representaron EEUU y la URSS durante la Guerra Fría – la propaganda de la imagen es un factor clave a la hora de hacerse notar dentro de un gran mercado. Y en el caso del cine, el mercado es amplísimo, ha sufrido varias etapas de masificación en las que han destacado las grandes películas; o bien por el boca a boca, o bien porque sabían transmitir ese estímulo de impresión al espectador que llegaba a las salas de cine y se quedaba mirando los carteles de las películas que se iban a proyectar ese día. Y ese es el punto donde los diseñadores gráficos muestran todo su talento; recogiendo la historia que se contaba en un largometraje en torno a las dos horas en una sola cara de imagen. Para ello, el diseñador gráfico debe ser una persona creativa, muy ingeniosa, minimalista y concisa. Es posible que muchas películas se hayan ido al ‘garete’ porque nadie entraba a verlas porque sus carteles no llamaban al espectador, y en cambio, ¿cuántos bodrios consiguen atraer a gente a las salas de cine para que la vean porque el cartel es impactante? Como ya dije en una de mis anteriores entradas para este blog, la vista es el sentido del ahora, el ser humano se guía por estímulos visuales, y sin el trabajo de artistas como estos, igual el cine no captaría a tantas personas como atrae.  Se ha de valorar más el trabajo que hay tras la realización de las películas. El mundo del cine no se simplifica en actores y directores; hay que saber mirar más allá y llegar a reconocer el trabajo de los trabajadores de sonido, de iluminación, de fotografía, de vestuario, de atrezzo, de publicidad, etc.

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2 comentarios en “Un cartel vale más que mil palabras

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