Lo mejor que nos ha traído el año

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Dejamos atrás, por fin, este 2015. Para algunos será un auténtico alivio olvidarse de un año de mierda, otros recordarán con cariño especial estos doce meses y querrían repetirlos de nuevo, y los más simples cambiarán el calendario de la pared de su casa y se prepararán para vivir lo mejor que puedan los próximos 366 días -algo muchísimo más sano-. Hoy es día de hacer balance y, por supuesto, publicarlo en las redes sociales, y en The Reservoir Bloggers no íbamos a ser menos. Sabemos que nuestra aportación no va a ser tan importante como la interesantísima publicación de ese que tienes en tu tablón, a quien no recuerdas dónde conociste y probablemente no vuelvas a ver jamás. Pero, ¿qué sería de esta Nochevieja sin nuestro spam? Despedimos el año que nos vio nacer con las -para nosotros- seis mejores películas que nos ha dejado 2015.

Y, hablando de recordar, este especial lo recordará con especial cariño el Señor Camisas, nuestro nuevo integrante Pablo Viñado, que en su estreno en The Reservoir Bloggers  nos trae su favorita en 2015: The Imitation Game. Y, como dijo nosequién, nosecuándo y nosedónde; “los últimos serán los primeros”.

‘The Imitation Game: oda a la genialidad’, por Pablo Viñado

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Se podría decir que este es mi debut oficial en este gran blog (¡Joder, qué nervios, tía!) y qué mejor manera de hacerlo que hablando de The Imitation Game, el genial biopic dirigido por el noruego Morten Tyldum sobre la historia del prodigioso matemático Alan Turing, en su titánico esfuerzo por descifrar una máquina de guerra Nazi llamada Enigma.

Así que… ¿por qué elegir como mejor película de 2015 The Imitation Game y no otra? Cosas nazis, Peter. No, en serio; el filme dirigido por Morten Tyldum tiene todo lo que a una película de su género se le puede pedir: pasión, intriga, tensión, ritmo, rigor histórico, una trama coherente… ¿algo más?

Sí, señor. No nos olvidemos de Benedict Cumberbatch.

Su semblante enigmático, casi críptico, parece haber sido concebido para desempeñar con atino este papel de genio incomprendido. Y vaya si atina. Si bien es cierto que ya estaba entrenado en esto de encarnar superdotados (Hawking, Sherlock), Cumberbatch consigue darle una nueva dimensión a su interpretación. Más allá de su sociopática y por momentos robótica caracterización de Alan Turing en el primer tramo de la cinta, el actor británico logra dotar a la figura del brillante matemático de una humanidad que traspasa la pantalla y establece una conexión directa y muy especial con el espectador.

Obligado a trabajar en equipo para desencriptar el complejo mecanismo de Enigma, Turing se ve forzado a cooperar con un grupo de matemáticos y criptólogos que malbaratan sus deseos de investigar en soledad. Esto le supone una batalla personal con su propio ego a la vez que capea con los contratiempos que le genera su homosexualidad. No obstante, en el eje de su tormenta interna emerge la figura de Joan Clarke (Keira Knightley), con la cual establece una de las relaciones de amor más sinceras de la historia del cine moderno.

The Imitation Game no es más que un homenaje a alguien sin el cual, probablemente, no podría estar escribiendo esto a través de un ordenador. Un justo tributo, además, a una persona que murió mártir de su condición sexual en una sociedad que no estaba preparada todavía para su genio.

Si tenéis interés en conocer en profundidad su historia, investigad, porque estamos hablando de uno de las mayores personalidades de la historia reciente. No os arrepentiréis.

‘Mad Max: Fury Road’, locura sobre ruedas, por Éric Úbeda

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“Mira lo que le he hecho a esta ciudad con unos cuantos bidones de gasolina y un par de balas.” Esta frase no es de esta cinta, sino de la gran obra maestra que es para mí El Caballero Oscuro (2008), pero probablemente ninguna frase podría captar mejor el espíritu de Mad Max que esta sentencia del Joker.

La cuarta película sobre Max Rockatansky, dirigida otra vez por George Miller, es la mejor película del año. Y no solo por ser una inesperada y gratificante sorpresa, sino por la identidad propia que desprende cada segundo de metraje.

Pese a ser un remake, esta cinta es lo que debería enseñarse en las escuelas de cine- y también en Hollywood- como ejemplo de como sí hacer un remake; no como esa mierda de Jurassic World. Miller arriesga y nos trae un mundo postapocalíptico más oscuro, más gore, más loco y más espectacular. Un producto que el mismísimo Bosco podría haber pintado allá por el siglo XV.

La Tierra ha quedado devastada después de una catástrofe nuclear, y algunos recursos básicos como la gasolina o el agua son ahora bienes escasos, por lo tanto, los habitantes que quedan con vida tendrán que mal vivir y sobrevivir unos a costa de otros. Pero más allá de su argumento, que es una genialidad, lo que más llama la atención de Mad Max: Fury Road son sus efectos especiales –Miller ha exprimido a la perfección hasta el último centavo de los 100 millones de dólares que tenía como presupuesto- y las interminables escenas de acción que dejan boquiabierto al espectador.

La fotografía es exquisita, sobre todo durante la primer parte de  la cinta, y algunos planos de la película son de un acabado espléndido. El director australiano no pasa por alto ningún detalle y ofrece una realización casi insuperable. Los escenarios y los habitantes de esta tierra devastada no dejan indiferente a nadie, y los personajes principales se desarrollan a la perfección en las poco más de dos horas que dura la cinta.

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Si bien el protagonista, Max (Tom Hardy), no cuenta con unos diálogos extraordinarios, el personaje conecta de maravilla con el público, más por lo que hace que por lo que dice. Lo mismo ocurre con el resto del reparto, que aprovecha cada fotograma de los que aparece en pantalla para llegar al espectador. Ninguna muerte deja indiferente.

Como tampoco dejó indiferentes a los colectivos más machistas de la sociedad. Tras su estreno, activistas de esta prehistórica ideología intentaron boicotear la película ya que aseguraban que ensalzaba la figura de la mujer. Sin embargo, lo que ofrece Mad Max es una ruptura con los ideales clásicos del cine y la figura de la mujer. La mujer no es heroína por que sí, lo es con una justificación argumental. Demuestra, como ya ocurrió con Sarah Connor o con Ellen Ripley, que un personaje femenino puede llevar la voz cantante en una superproducción de acción.

Mad Max: Fury Road es una excelente película de acción que mantiene la tensión necesaria a lo largo del metraje. Causa la angustia y al mismo tiempo el chute de adrenalina que causa la mejor montaña rusa de un parque de atracciones. A todos aquellos que se nieguen a gozar de este gran estímulo de dopamina por ser una película de automovilismo os digo que guarda más semejanzas con un delicioso capítulo de Los Autos Locos dirigido por Tarantino (el director norteamericano ha asegurado que Mad Max es para él la mejor cinta del año) que con la Fast And Furious de turno.

La banda sonora es una gozada, sobre todo  gracias a esos toques de heavy metal que ofrece el guitarrista de la guitarra guitarra-lanzallamas (un tipo propio de la moda steampunk que representa a la perfección lo que es Mad Max, una obra osada y brillante a partes iguales). Una cinta de Serie B que, por la excelente dirección, se convierte en la película que más ha disfrutado un servidor este año. Algo así como comer una hamburguesa con queso y bacon preparada por Ferrán Adrià.

La pelicula de acción definitiva. Una sucesión infinita de fotogramas adrenalíticos. Una explosión de sensaciones que se clava en tu cerebro como si del solo de Stairway to Heaven se tratara. Entretenimiento en estado puro, estimulante y salvaje, tanto como bañarse sin haber hecho la digestión. Una sesión de cine, agotadora y aturdidora, pero que te deja deseoso de más. Un espectáculo despiadado dominado por la demencia que te deja en un estado de éxtasis momentáneo. Delirante y adictiva a partes iguales. Todo lo que debería ser un gran blockbuster de acción. Sed testigos amigos, no os podéis perder esta oda a la velocidad, las explosiones, los mamporrazos y las escenas vertiginosas. Qué gran día aquel en el que George Miller decidió resucitar a  Max Rockatansky.

‘Whiplash: not quite my tempo’, por Jorge Gil

En mi casa siempre me han dicho que soy testarudo. Y tienen razón, aquí estoy otra vez para enaltecer la primera película de la cual hice una crítica en este blog. Intentaré no ser repetitivo. ¿Por qué es para mí Whiplash la mejor película del año? Muy sencillo, ritmo. Todo está relacionado con este término. Ritmo en la trama, ritmo en la imagen, ritmo en los actores, ritmo en la fotografía y, por supuesto, ritmo en la música.

not quite my tempo.gifLa obra de Damien Chazelle consigue llevarte por donde quiere en todo momento; si quiere que rías, ríes, y si quiere tensarte, te tensa. Esto lo consigue con una dirección tanto de cámara, como de sonido, brutal y con una actuación de la pareja Teller-Simmons impecable. Es de las pocas veces que he visto que el protagonista sea también el antagonista, debido a esa exigencia sobrehumana que realiza Andrew Neyman con su trabajo. Y, ¿qué decir de Terence Fletcher que no dijese ya en la crítica?  Es el profesor que intentábamos evitar en el colegio, es la agresividad de un padre borracho que no quiere a sus hijos, es el jodido sargento Hartman de La chaqueta metálica, con sus insultos degradantes de humor negro.

La obra de Chazelle es un símbolo de cómo exprimir lo máximo de lo poco que tienes. Hacer una película de semejante calibre con un presupuesto muy inferior a las grandes producciones de Hollywood (3’3 millones) y salir victorioso de ‘los premios de la academia’ en los apartados de mejor actor de reparto, mejor montaje y sonido. Galardones que se repiten desde los BAFTA – British Academy of Film and Television Arts – hasta los Globos de Oro, y considerada como mejor película en el Festival de Sundance.

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Reacción de Miles Teller al ver la obra acabada

Se dice de esta obra que es un tema que ya se ha tratado en otros ámbitos como el fútbol, el baile, el propio cine, pero como dijo Noel Ceballos en su crítica de Fotogramas: “La diferencia es que, en esta ocasión, Chazelle ha conseguido que las notas de su pieza de cámara resuenen en la mente y los sentidos del espectador con inusitada violencia: uno no va a ver Whiplash, sino que se deja arrollar por ella”.

Por todo esto, hice de tarot hace casi un año y allá por el 16 de enero – fecha de su estreno en España – supuse que sería mi película favorita de 2015; y así ha sido (aunque seguida por The Imitation Game y Inside Out). 

La llamada de la fuerza es irresistible, por Tono Gil

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Así es. Mi película favorita de este año 2015 no podía ser otra que Star Wars VII: El despertar de la fuerza. Tampoco le ha hecho falta a Disney un guión redondo ni muchos tintes de genialidad para convencerme. Desde el momento en el que entré a la sala y vi de nuevo los créditos iniciales de Star Wars acompañados por la banda sonora de John Williams, se dibujó una sonrisa en mi cara difícil de deshacer, cosas de fanboys.

Podía haber elegido cualquier otra con actuaciones sobresalientes y ampliamente galardonadas por la crítica. Sin embargo, eso no me haría sentirme honesto conmigo mismo, porque lo cierto es que este año ninguna película me ha hecho disfrutar tanto como el retorno de ‘La guerra de las galaxias’.

Para mí, el cine es un mundo de sensaciones. Y por muy bien hecha que pueda estar una película, si no consigue conectar conmigo, no puedo dotarle del título de memorable. En este aspecto, El despertar de la fuerza ha suscitado en mí más emociones que ninguna otra película hecha este año y eso no hay crítica racional que pueda plasmarlo ni explicarlo.

Está claro que esta séptima entrega no es perfecta. Ya desvelamos en nuestro último Estreno del mes algunos de los mayores errores, como el clamoroso plagio a Una nueva esperanza o John Boyega como Finn. No seré yo quien niegue esto, porque estoy absolutamente de acuerdo. Pero personalmente, cuando una película en su conjunto te deja con tan buen sabor de boca, no queda otra que perdonar esos fallos que en otras ocasiones harían que te tirases de los pelos.

Además, si bien es cierto que hay elementos algo desafortunados, se tiende a magnificarlos y a olvidarse de las muchas cosas que sí se han hecho bien en esta entrega. Empezando por el nuevo droide BB-8, todo un acierto, así como el punto de nostalgia ver de nuevo en la gran pantalla a Han Solo, Chewbacca o Luke Skywalker. Incluso me ha gustado Kylo Ren como villano y creo que va a dar mucho juego en las siguientes entregas. De todos modos, la mejor incorporación sin duda ha sido Rey, que se perfila como nueva protagonista de esta trilogía. Daisy Ridley ha sido una acertadísima elección de reparto ya que, pese a su juventud (solo 23 años) posee el carisma necesario para interpretar a un personaje de tales dimensiones. Las ganas que tenía de sumergirme en aventuras intergalácticas de nuevo se han visto recompensadas con creces. Ahora solo queda esperar impaciente a la próxima entrega.

‘Truman’, mi reconciliación con el cine español, por Adrian Gisbert

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Fuente: elasombriario.com

Como el Señor Marrón con la suya, a esta película ya la alabé aquí en su estreno. Y voy a reiterarlo. Si bien las sensaciones en el cine no fueron las mismas como con Star Wars -ninguna película hubiera podido igualar lo que sentí ese día-, lo cierto es que Truman ha sido la película que más satisfecho me ha dejado en este 2015.

Nunca me ha gustado especialmente el cine español. Más allá de alguna película aislada, el aire cañí que rodea a toda producción patria me ha echado siempre muy hacia atrás. Por muy cuñado que pueda parecer, detesto el cine de Almodóvar, máximo exponente de esta forma de presentar las cosas. Qué le voy a hacer. Sin embargo, ya el año pasado con La isla mínima, que tan bien retrató el Señor Naranja hace dos semanas, disfruté de un buen cine que se alejaba de esta aureola, hecho que confirmé definitivamente con Truman. Con el film de Cesc Gay disfruté de la visión más vitalista sobre el cáncer que haya visto nunca. Para ello, renunció en todo momento al dramón -hubiera sido lo fácil- y mostró la vertiente más alejada posible de este punto.

Para ello, Gay contó con la ventaja de tener a uno de los mejores actores vivos, según esa petulancia andante hecha crítico de cine que es Carlos Boyero. El argentino Ricardo Darín fue el moribundo, pero lleno de vida, Julián, a quien Tomás (Javier Cámara) acompañaba en un último fin de semana juntos.

Por el abrazo padre-hijo que logró hacer de Ámsterdam una ciudad aún más bonita, por el nuevo hogar de Truman, por Darín y por Cámara, por las seis merecidísimas nominaciones a los Goya -que espero acaparen con avaricia-, por reconciliarme con el cine español… Por todo, ‘Truman’ es una película de las que hay que ver.

‘Birdman’: más personalidad que ninguna otra, por Lucas Calabria

Fuente: insideechenrysbrain

Me sorprende no haber encontrado a ningún otro Reservoir Blogger que eligiera Birdman como la película del año. Creo que, junto a Mad Max, la de Iñárritu es la obra con más personalidad de todo 2015. Y cuando hablo de personalidad me refiero a esa cualidad que distingue un filme de otro de su mismo género o con un argumento similar.

Es una falsa sensación, evidentemente, pero lo que todos pensamos cuando hablamos de Birdman es en el ‘plano secuencia’ infinito – ¿he oído personalidad? –. Y es que esto llama la atención hasta del que no tiene la menor idea de recursos cinematográficos. Sé que para muchos entendidos el plano secuencia no fue más que una muestra de jactancia de Iñárritu, una forma de librarse de las críticas en caso de que el argumento no convenciera al público; sin embargo, independientemente del motivo del director, el plano secuencia es más que acertado. El largometraje tiene a un personaje y un escenario que, en cuanto a trascendencia, se encuentran por encima del resto –Riggan Thomson (Michael Keaton) y el teatro–, así que para seguir el transcurso del guion no es necesario ningún cambio de plano. ¿Es ego de Iñárritu el plano secuencia? Tal vez, no lo sé. ¿Es un acierto para esta película? Indudablemente.

Aun así, no sería la película del año solo por el uso de un plano secuencia de una hora (aunque sea el mejor escaparate posible), pero tampoco lo sería si no llega a ser por un nombre propio: Edward Norton. Y es que debería ser difícil destacar a un actor que no fuera Michael Keaton en esta película, pero no lo es. A pesar de que el plano secuencia siga a ‘Birdman’ casi todo el tiempo, la estrella es Mike Shiner (Norton), no os quepa duda. Me permito el lujo de citar a mis compañeros de blog: “[Mike Shiner] inunda el corazón del espectador de sentimientos enfrentados, puesto que no sabes si odiarle por su vanidad o amarlo por su genialidad”.

Hay muchos más, pero principalmente os dejo estos dos motivos para ver la que para mí es, sin lugar a dudas (a falta de ver Whiplash, perdonadme), la mejor película de 2015.

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3 comentarios en “Lo mejor que nos ha traído el año

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