‘El puente de los espías’: Guerra Fría para toda la familia

tommy worried

Uno de los aspectos que siempre he admirado del cine es su capacidad para sacar de lo peor del ser humano obras de enorme valor artístico. La guerra, cualquiera a lo largo de la historia, es uno de los temas más prolíficos a la hora de inspirar obras cinematográficas. Y, por supuesto, los innumerables frentes que abrió la Guerra Fría a lo largo del globo han dado para otra innumerable cantidad de películas que de una u otra forma tocan el tema. Desde la inocente mirada de un niño en El gigante de hierro hasta el prisma periodístico de Buenas noches y buena suerte, pasando por Sean Connery a La caza del Octubre Rojo y el sano cachondeo del Dr. Strangelove -me niego a usar la rimbombante adaptación del título al castellano-.

Llegaba ahora el turno de Steven Spielberg, que con El puente de los espías nos trae la historia de James Donovan, un abogado especializado en derecho civil que se vio arrastrado a la negociación de un canje de prisioneros al más alto nivel entre las dos superpotencias en plena Guerra, allá por 1957. Una gran historia a priori, más aún en manos de Spielberg, indiscutiblemente uno de los reyes Midas del Hollywood moderno. Hablamos de un director avezado, con una gran trayectoria y con una excelente mano para esto del cine, curtida a base de decenas de películas. El puente de los espías ofrece una buena ración de spielberguismo, y se nota en cada plano, en cada secuencia, la mano de un excelente equipo de dirección. Por desgracia, este gran trabajo no será lo que perdure en la mente del espectador, sino lo desconcertantemente inocente que resulta el nudo de la historia. A pesar de la sensación de buen cine que transmite cada fotograma de la introducción y el epílogo, es la sosería del guion con lo que uno se queda al salir de la sala. Una pena.

Y es que tras una vibrante secuencia inicial por las calles y los bajos de Brooklyn, que acaba con la detención del espía soviético sobre el que girará toda la trama, la historia pasa a ser la que todos los hijos de la LOGSE ya han estudiado una y mil veces, la que los padres vivieron en sus propias carnes, y no remonta el vuelo hasta otros poderosos diez minutos finales. No encontraremos acción a lo Jason Bourne, ni la clase que destilan los Martinis mezclados, no agitados. Tampoco alguien como Tarantino, dispuesto a pasarse la verdad histórica por el forro. El filme tiene las manos atadas por contar historia reciente, hecho que le hacía pedir a voces un guion diferente para no caer en el tedio que desprende algo sobre lo que ya se ha leído demasiado. Pero nada más lejos de la realidad. Firmado por los hermanos Coen, capaces de joyas como El gran Lebowski o Fargo, no podía sino esperar algo grande, sorprendente. En su lugar, me encontré con un capítulo de Barrio Sésamo sobre la Guerra Fría, en el que se le explicaba a mi prima de seis años lo malos que eran los rusos, el miedo que pasaban los pobres niños americanos y que los Estados Unidos, a pesar de ser la mejor nación del mundo, también podían equivocarse y hacer cosas mal.

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“Cómo echo de menos a Wilson”. Hanks, melancólico – Fuente: cosasdetios.com

El problema, pues, no es el mensaje, sino su forma. Por cómo se cuenta, El puente de los espías parece querer adaptar la Guerra Fría a un cuento para toda la familia. A pesar de la buena labor de dirección, la simplicidad -incluso inocencia- que transmite el guion hace del filme una suerte de adaptación de Trece días para Clan TV.

No ayuda Tom Hanks, protagonista otra vez con Spielberg, a evitar esta sensación. El oscarizado californiano, cabeza atrás y ceño fruncido, parece representar una parodia de sí mismo a lo largo de las dos horas de metraje. El rol de James Donovan daba de hecho para un biopic, y Hanks consigue en ciertos tramos dotarlo de cierto carisma. Sin embargo esta simpatía, a golpes de diálogo, desaparece, la semejanza de Tom Hanks con el protagonista de Lazy Town va in crescendo y, al final, uno espera el momento en que, brazos en jarras, mire a cámara y sentencie “Y así, amiguitos, es como se evita la Tercera Guerra Mundial. ¡Si queréis ser un valiente héroe americano como yo, recordad comer mucha verdura!”. Donovan, por supuesto, se apunta también a la escuela Tony Stark y suelta los cuatro o cinco chistes de rigor que de un tiempo a esta parte toda producción hollywoodiense debe meter, por muy forzados que resulten -en serio, ¿uno está negociando la vida de un estudiante universitario con la RDA y entran ganas de vacilar al embajador?-.

El miedo/odio al comunismo que se enseñaba en la sociedad estadounidense es el único aspecto bien llevado del guion, quizá porque fue algo que tanto Spielberg como los Coen vivieron en primera persona en su misma infancia. La crítica al adoctrinamiento de facto que se practicaba no es -o no debería ser- algo loable a estas alturas de la película, pero a este lado del Atlántico quizá resulte más interesante la intrahistoria de la Guerra Fría, cómo se enseñaba que los rusos eran el Enemigo, y por ahí la película funciona.

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El U2 que trastoca todos los planes. ¿Quién se ha marcado la racha de tres? – Fuente: lhmagazin.com

La fotografía, a cargo de Janusz Kaminski (con sendos Oscars por Salvar al soldado Ryan y La lista de Schlinder), es uno de los aspectos más destacados de la película. El perenne tono sepia acompaña a la identidad del filme, y algunos planos son sencillamente sublimes -ese Donovan enfrentado al alto ejecutivo del gobierno americano, con la espalda de un agente en primer plano a modo de barrera-. Thomas Newman, por otra parte, trae una sobria y elegante banda sonora, que hace de las escenas sin diálogo momentos mucho más disfrutables que los que cuentan con palabrería.

Spielberg, un gran director, muestra en esta película que efectivamente lo es sea cual sea el género que toque. El arranque y el final son dos ejercicios de talento del cineasta, pero se ven tristemente empañados por hora y media de cháchara aburrida y demasiado simplona. El puente de los espías no es una mala película, pero no consigue desprenderse de una desconcertante sensación de inocencia hasta los excelentes minutos finales. Una verdadera lástima. La historia de James Donovan merecía ser mejor contada.

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2 comentarios en “‘El puente de los espías’: Guerra Fría para toda la familia

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