La mejor escena de la filmografía de Quentin Tarantino

 

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Damas y Caballeros, este viernes se estrena The Hateful Eight -efectivamente, en el blog nos negamos a usar la ridícula traducción que han hecho del título al español- y, como no podía ser de otra forma, hemos decidido hacer nuestro pequeño homenaje al excéntrico Quentin Tarantino. La decisión ha sido muy difícil, pues el director estadounidense tiene una filmografía repleta de momentazos. Al final, casi todos hemos barrido para casa y nos hemos quedado con una escena de nuestra película favorita de Tarantino. También hay un homenaje a nuestra fan más acérrima y mejor lectora, que después de tanto tiempo aguantándonos, lo merece. En fin, aquí tenéis la lista con las escenas más sangrientas, irónicas, fascinantes, violentas  y divertidas del director más sangriento, irónico, fascinante, violento y divertido de todo Hollywood. Huelga decir que a lo largo del artículo encontraréis algún que otro spoiler, así que si no habéis visto la película, corred a verla, insensatos, y volved a leer este magnífico repaso las  grandes escenas del cine tarantiniano.  Disfrutad.

La llegada de O’Ren Ishii en Kill Bill vol. I, por Lucas Calabria

No es su argumento lo que más me llama y tampoco su guion. De hecho, es bastante probable que si se tratase de una historia similar con una ambientación diferente no provocaría en mí esa sensación que solo las grandes obras consiguen causar. Por suerte para todos, Tarantino acertó de nuevo. Lo más importante en Kill Bill no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta; y es que, en la mayoría de casos, la forma de narrar una película puede ser ese aliciente que consigue hacer que se convierta en una obra maestra.

A la hora de elegir la mejor escena que recuerdo de Tarantino rápidamente me vino este minuto de Kill Bill a la mente; una hora más tarde pensé: “señor Blanco, busca otras grandes escenas, tal vez olvides alguna, que la edad no perdona”. Y en efecto, recordé que la filmografía de Tarantino está colmada de esos momentos para la historia del cine (Y tú sabrás que mi nombre es Yahveh…”, Señor LaPadite, gracias por la leche…”, etcétera). Sin embargo, después de repasar las escenas que pude me volví a decantar por la misma. Nada de eso iba a hacerme cambiar de opinión, al parecer. La mirada desafiante que se dibuja en tu cabeza a través del casco de la Novia, el acompasado andar de O’Ren Ishii y sus atractivas facciones, los adecuados cambios de plano al son del imponente Battle without honor or humanity… todo parece estar tratando de convencerme y, la verdad, no pienso tratar de evitarlo. Para mí, no había ninguna duda.

Este es el único homenaje que he traído a Reservoir Bloggers de una de las mejores películas que he visto nunca y la que para mí sigue siendo la mejor obra del maestro Quentin Tarantino, a ver qué tal The Hateful Eight. Disfruten de la escena.

El Oso Judío en Malditos Bastardos, por Adrian Gisbert

Como el Señor Blanco arriba, mi escena favorita de Tarantino también pertenece a mi película preferida del director estadounidense. Concretamente, a Malditos Bastardos (2009), una cinta ambientada en la Segunda Guerra Mundial que narra las andanzas de un comando estadounidense infiltrado tras las líneas alemanas, sin otra misión que matar nazis indiscriminadamente y coleccionar sus cabelleras. Sí, han leído bien esto último. Una empresa totalmente justificada en opinión de su líder, Aldo Raine (Brad Pitt) -y en la mía, ¿a quién no podría convencer el teniente?-. Estamos hablando de Tarantino, por lo que de esta película no podemos sino esperar una precipitación de acontecimientos alrededor de este grupo de soldados, una concatenación de sucesos que desemboca en el final más irrespetuoso para con la Historia contemporánea jamás visto. Y ojalá así, por supuesto. Hasta aquí puedo leer sin desvelar nada, les toca ahora ver la película.

La escena que nos ocupa sirve como puesta en escena del comando del que hablábamos. Tras una escaramuza al ejército alemán, piden a uno de los supervivientes que les señale la posición de otros puestos nazis en un mapa, proposición a la que se niega amablemente. Así que Raine, con el mayor de sus pesares, no tiene más remedio que dejar que el sargento Donny Donovitz, aka. “El Oso Judío” (Eli Roth), le parta las piernas al valiente soldado alemán. Y ambos se enfrentan, cara a cara, en un duelo al más puro estilo western. Solo que en este caso no hay revólveres ni sombreros vaqueros, solo un judío enorme reventándole la cabeza con un bate a un nazi. Sello Tarantino en estado puro, el que hace que el espectador afronte esta brutalidad con una sonrisa enorme en la cara e intentando ahogar una carcajada.

Realmente, Malditos Bastardos es toda ella espectáculo, desde la misma primera escena, en la que se presenta el implacable coronel Hans Landa -interpretado por un recién descubierto Christoph Waltz, quien se llevaría el primero de sus dos Oscars gracias a este papel- hasta el espléndido y artificioso final. Tarantino, por si algo le faltaba, hizo hasta divertida la Historia -independientemente de un par de pequeñas licencias sin importancia que se tomó para realizar la película-.

 Epílogo en el avión en Kill Bill Vol. I, por Pablo Pla

Pocas veces se había visto un final tan apasionante en una película. No es exactamente una escena, pero la conclusión de la primera entrega de la venganza de la Mamba Negra (y sí, sé que el Señor Blanco se me ha adelantado) es un auténtico enigma que deja al espectador con la sangre hervida. Es una lástima que el segundo volumen de Kill Bill no estuviera tan a la altura de las enormes expectativas que Tarantino depositó en el primero.

No desvelaré ningun spoiler ni tampoco comentaré más la película, pero solamente ver a Uma Thurman escribiendo con letra de niño el orden de sus futuras víctimas y antiguos compañeros del Escuadrón Asesino Víbora Letal, al tiempo que el maestro japonés Hattori Hanzo (interpretado por la leyenda del Kung-Fu Sonny Chiba) recita una reflexión sobre la venganza tendrían que ser motivos para verla. Y con todo ello, de fondo la acertadísima elección de “The lonely shepherd”, que hace volar al espectador y lo fascina con sus melodías cautivadoras.

En cinco minutos, un viaje de redención, la liberación de los monstruos del pasado y una declaración de intenciones que no oculta que bebe de un cine de clase B remezclado y fusionado hasta las últimas consecuencias. “Lo que comes, cagas”, y Tarantino no oculta que es la planta de reciclaje más ingeniosa y ocurrente del cine contemporáneo.

El clímax es cuando el misterioso Bill (enmascarado por la cámara cual Doctor Garra en El inspector Gadget) formula la cuestión a su maltrecha ayudante. Una pregunta que sorprende después de dos horas de artes marciales, sangre a chorros y duelos de katanas. Entonces sí, se hace fondo en negro y el orgasmo visual golpea a los pobres enfermos que sufrimos la cinefilia. Nunca ver unos créditos finales había causado tanto placer.

Maldito cazador de judíos, por Tono Gil

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Hans Landa conversando con Monsieur LaPadite

Vaya por delante que no me considero un admirador de Tarantino, de hecho creo que soy el único componente del blog que no lo es. Sin embargo, hay que reconocer que cuando no se le va la pinza es capaz de crear escenas magistrales. Para ejemplificarlo me remito a Malditos Bastardos (2009). Pese a que la película en su conjunto no me acabó de convencer, tiene una de las mejores escenas iniciales que recuerdo haber visto.

La entrada del coronel Hans Landa a la humilde morada de un granjero francés augura una larga y distendida charla cargada con una tensión enorme. En un primer momento el espectador no se da cuenta de lo que está sucediendo, hasta que en mitad de la conversación la vista desciende hasta el piso subterráneo donde se encuentra la familia Dreyfus escondida tratando de salvar la vida. La angustia vital que la familia judía siente se contagia en ese momento al público

Y llegamos a la mejor parte: el desenlace de la escena. No me toméis por antisemita, pero la resolución es el culmen perfecto a la tensión acumulada durante casi 20 minutos de conversación. Además, lo más meritorio es que todos los elementos habían sido convenientemente encajados previamente: Landa y su monólogo sobre las ratas en referencia a los judíos, el paso del idioma francés al inglés que hace que los Dreyfus no se enteren de lo que está sucediendo y finalmente, el dar entrada a los soldados alemanes como si fuesen las hijas del granjero para que la familia judía no vea venir la avalancha de plomo que está a punto de caerles encima.

En esta ocasión, todas las piezas están perfectamente ensambladas para crear una escena realmente redonda y en la que Christoph Waltz nos deleita con su sublime actuación, que sirve para perfilar al gran villano que resulta ser Hans Landa.

au revoir gif

Au revoir, Shoshanna!

Tarantino y el arte de martirizar, por Éric Úbeda

Probablemente estemos hablando de la escena más icónica de Reservoir Dogsopera prima de Tarantino y la cinta que da nombre a este gran blog- y eso, hablando de una película del bueno de Quentin, no es poca cosa. Sí amigos, estoy hablando de la escena en la que el Señor Rubio pierde los papeles- afortunadamente nuestro señor Rubio está mucho más cuerdo- y acaba protagonizando una de esas escenas que obligan a más de uno a apartar los ojos del televisor. Un momento cinematográfico tan genial que hasta Los Simpsons, mediante los despiadados dibujos Rasca y Pica, han querido homenajear.

Una secuencia cruel, sangrienta y sádica. Una escena con un mártir y un verdugo. Sin embargo, no muestra un hecho que cause estragos en la moral del espectador. Es una tortura, sí. Pero una tortura hecha con una sonrisa de oreja a oreja, que se transmite al público, y le convierte en cómplice de esa barbarie. Una escena que hace que uno no se sienta mal por ser un poco hijo de puta. Todo ello gracias a la vivaracha melodía que suena de fondo (Stuck in the middle with you) y a los geniales bailecitos del Señor Rubio (Michael Madsen) que acrecientan la ironía de la situación. Para acabar este salvaje acto, el verdugo remata la acción con un toque de humor negro (sí, ese que solo nos hace gracia a los desalmados) y se va a su coche para acabar la faena con un gran fogonazo final. Un tórrido acto que hizo que todos quedasen prendados de ese fogoso instante. La chispa con la que Tarantino inició el gran despliegue de fuegos artificiales que ha sido hasta hoy su carrera cinematográfica. Lástima que un aguafiestas -maldito señor Naranja- termine con la función cuando parece que va a subir la temperatura. Una pena.

Keep Calm and Call Mr. Wolf, por Jorge Gil

Seré esquemático para que se centren en los factores relevantes de la que es, para mí, la mejor escena de una película de Quentin Tarantino: Pulp Fiction + autobombo de Tarantino + Samuel L. Jackson + John Travolta + Harvey Keitel = [Ding dong] “Soy el Señor Lobo. Soluciono problemas”.

No sabría decir si mi veneración por estos minutos se centra más en la propia escena, o en el tremendo personaje encarnado por un tripitidor de las películas de Tarantino como lo es Harvey Keitel (Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Malditos Bastardos). El Señor Lobo representa en esta escena a la persona que debería aparecer cada vez que la cagas, meterte una hostia y gritarte a la cara: ¡CALMA JODER! tumblr_n4yedvSjtM1qzpxx1o1_1280 El Sr. Lobo es eficiente, conciso y rápido. Es el Yahoo Respuestas de Pulp Fiction que te dice: “coge detergente, limpia las manchas, hazme café, trae ropa de cama para cubrir los asientos” y cuando el coche parece recién sacado del concesionario, tener la cabeza fría y decir: “Buen trabajo caballeros. Tal vez salgamos de esta, pero no empecemos a chuparnos las pollas todavía”. Pero no todo es Sr. Lobo en esta escena. Se puede observar la evolución de los protagonistas Jules y Vincent con la presencia del personaje y sin ella. Cuando Harvey Keitel está en escena, J. Travolta y S.L. Jackson actúan como sumisos admiradores suyos, para luego pasar a una discusión de críos dentro del coche. También está, como en todas las películas, una de las mejores frases que se guarda siempre el jodido director.

En definitiva, una jodida escena jodidamente buena con un jodido personaje que, ¡joder!, qué puta jodida obra de la actuación hace. Con los tres mejores jodidos compañeros de pantalla que podía haber jodido deseado. Joder. “Ahora pórtense bien y les daré un caramelito cuando lean la entrada”.

PD: No podía olvidarme de la parodia de Buenafuente y Berto al más puro estilo ‘tarantino’.

“If you insist…”, por Pablo Viñado

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Estados Unidos. Preámbulo de la Guerra de Secesión. ¿Qué separa a una esclava negra (Brumhilda) de disfrutar, junto a su amado (Sigfrido Django),  de la condición de liberta?

¿Lo adivináis…? ¿ah, no? ¡Pues un simple apretón de manos! Fácil, ¿verdad?

Veréis: para Tarantino no lo es tanto. El cabrón de Quentin siempre quiere enrevesar las cosas y que acaben peor que el matrimonio de Marichalar y la infanta Helena. Os invito a que lo juzguéis vosotros mismos:

Te pateas la geografía estadounidense matando a gente para conseguir dinero, te hacen desembolsar 12 de los grandes por la libertad de la esposa de tu colega y ,para colmo, el cabronazo del negrero que la retiene te obliga a darle la mano para cerrar el trato por ella. ¿Estás de coña, Calvin Candie? ¡Bang!

Sin duda alguna, Django Desencadenado no sería lo mismo sin esta tensa y a la vez explosiva escena. El momento del handshake se erige como el clímax narrativo de un largometraje cargado de voltios de tensión y repleto de ironía, crítica social y sangre. Mucha sangre. Sangre que empieza a emanar a borbotones justo después de la negativa al entente cordial entre el Dr. Schultz (Christoph Waltz) y Calvin Candie (Leonardo diCaprio). Es en ese momento cuando aparece en escena Django (Jamie Foxx) y se lía a tiros con prácticamente la mitad del condado. El tipo lo hace fácil, sencillo y con el flow propio de tener a Tupac Shakur sonando de fondo. La cosa no acaba del todo bien para él, pero si se hubiera tratado de una partida de Call of Duty, no habría duda de que el vencedor habría sido Django.

Si bien es cierto que los más puristas preferirán escenas de Reservoir Dogs o Pulp Fiction por no sé qué y no sé qué más, yo me decanto por estos pedazo de 5 minutos de nervios, adrenalina y hemoglobina a raudales. Quizás haya escenas mejores, pero pocas tan emocionantes.

Como diría, pues, Ana Pastor, estos son los datos, suyas son las conclusiones.

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2 comentarios en “La mejor escena de la filmografía de Quentin Tarantino

  1. Vaya mierda de película, estuvimos a punto de dejarla a medias, sólo dos escenarios: una caravana y un comedor, nada más. Previsible, sin emoción, podría durar la mitad de tiempo… en fin, sobrevalorado desde hace años este director. Tocó techó con Reservoir Dogs II, perdón, con Pulp Fiction y desde ahí todo bajada, primero suave y últimamente en caída libre.

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