‘Carol’, o cómo no ser demasiado moñas para contar una buena historia de amor

Carol (1)

Fuente: themuse.jezebel.com

Antes de comenzar a valorar lo que considero de la última película de Todd Haynes, me gustaría retroceder un poco en el tiempo, hasta los años 50, concretamente. Aunque ya tenga la etiqueta de “hater” de La ventana indiscreta por no ser capaz de mirar la obra de Hitchcock de forma retrospectiva –algo que seguramente cuente en profundidad en el futuro–, en este caso sí lo voy a hacer, pero más bien con El precio de la sal de Patricia Highsmith. La Carol que encontramos en los cines de todo el mundo es una adaptación de este libro escrito en 1951. Si hoy en día la homosexualidad aún no está bien vista para los imbéciles todos, imaginad qué es escribir hace sesenta y cinco años una novela sobre una relación lésbica.

Tocar temas que suscitan controversia en la sociedad siempre es un plus, llamémosle, de atrevimiento, en el que no nos podemos centrar a la hora de valorar un producto, pero sí tener muy en cuenta. Así que quiero dedicar mi especial enhorabuena a la autora por su valentía. Gente como ella, que se atreve a decir lo que los demás no, son un ejemplo para mí y, espero, para todos los compañeros que quieren dedicarse a lo mismo que yo.

Dicho esto, he de reconocer que Haynes ha realizado un trabajo excepcional en su sexto largometraje (en veinticinco años, se toma su tiempo en cada uno el hombre). Después de ver una historia relativamente similar en cuanto a forma pero para nada en cuanto a fondo, como fue La –decepcionante– chica danesa, se agradece encontrar en Carol lo que uno busca cuando va al cine a ver un drama de este tipo. Carol consigue llegar al espectador sin ser una ‘pastelada’ romántica o una carga de emociones vacías. Parece que los relatos amorosos, salvo en contados casos, necesitan valerse de alguno de estos dos requisitos para que la audiencia exclame algún prolongado “oh” que acaba por resultar tan vacío como las emociones que mencionaba líneas más arriba. Eso no significa que no tenga escenas románticas más clásicas, como la celebración de la Nochevieja en el hotel, pero al menos no centran la trama en ellas. En este caso, uno sí se puede creer que la sociedad plantea duras trabas a una relación considerada “mal vista” en los años cincuenta.

De normal dejo el tema de la música para más adelante, pero en este caso, y ya que estamos hablando de una banda sonora que opta al Óscar, me gustaría marcarla como uno de los puntos clave de la película. Carter Burwell, compositor que ha dejado su marca en más de cincuenta películas, entre las que destacan diecisiete de los hermanos Coen (Fargo, No es país para viejos o El gran Lebowski, entre otras), se encarga de aportar su magia –con erótico resultado– durante las dos horas de metraje. Lo relajado de la melodía contrasta a ratos con el genial Easy living de Billy Holiday cuando la trata de interpretar Therese en el piano de Carol o cuando suena en uno de sus encuentros. Os recomiendo encarecidamente que busquéis la BSO al completo y la escuchéis, incluso si no vais a ver la película, porque la melodía fluye a la perfección y os puede acompañar a la hora de realizar cualquier tarea o, simplemente, podéis cerrar los ojos y dejaros llevar por sus notas.

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Carol (Cate Blanchett) en ‘Carol’. Fuente: efeeme.com

Rooney Mara y Cate Blanchett. Dos nombres propios que dan vida, no solo a Therese Belivet y Carol Aird, respectivamente, sino a un argumento bien planteado –tampoco diré brillante– que logra hacer que cualquier espectador empatice con la historia en la que se sumergen las protagonistas. Quiero recalcar ese último plural, y es que por mucho que la película se llame Carol y por mucho que los Óscar traten de situar a Mara en la categoría de Actriz de reparto, creo que cualquiera que haya visto la película puede considerar a las dos intérpretes como “protagonistas”. De hecho, veo un largometraje más centrado en Therese durante la primera hora y en Carol –y sus problemas conyugales– durante la segunda. Breve, pero no por ello poco importante, mención a Kyle Chandler, quien se mete en la piel del marido de Carol, Harge Aird, y nos ofrece una versión entre agresiva y desconcertada de un hombre que no entiende cómo su mujer le engaña con otra mujer.

El argumento transcurre de forma ascendente y alcanza el clímax poco después del de las propias protagonistas en la cama en el hotel. Si bien es cierto que en este momento del largometraje el espectador ya está completamente inmerso en la trama de las neoyorquinas, la verdad es que en Carol se puede acusar un inicio demasiado lento que a más de uno –servidor incluido– se le puede hacer excesivamente largo. No obstante, también hay que señalar que este problema de inicio lento se puede acusar en otras obras de altísima calidad (The hateful eight, para no irnos muy lejos, a pesar de la opinión el Señor Naranja), y no pasa nada.

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Therese sí que es un buen nombre para una Reservoir Blogger. Fuente: Filmicfilly

Y ya para entrar un poco más de lleno en la polémica diré que, aunque dicen que las comparaciones son odiosas, ya que tenemos los Óscar a la vuelta de la esquina realicemos alguna valoración. Echando un vistazo rápido a la categoría de Mejor película –entre las que no se encuentra Carol, y tampoco me parece nada grave–, se me ocurren dos que están por debajo del filme de Haynes, y eso que no las he visto todas. Qué dos son no lo diré por no menospreciar el trabajo de Ridley y de Alejandro, que seguro que se han esforzado mucho o no han contado con suficiente presupuesto para hacer nada mejor –nótese la ironía–. Por otro lado, y entrando a valorar las nominaciones a Mejor actriz (protagonista para Cate Blanchett y de reparto para Rooney Mara), la decisión resulta más complicada, aunque personalmente, algo me dice que alguna de las dos se llevará la estatuilla, y de forma merecida. En cuanto a la nominación a Mejor fotografía, no creo que pueda acercarse siquiera a Mad Max o a El renacido, así que ahí no veremos sorpresas, porque además de que estas tienen más y mejor marketing, en este apartado sí tienen bien merecidos todos los premios. ¿Mejor vestuario? No me dice mucho, la verdad. Como no he visto tres de las cinco nominadas a Mejor guion adaptado, y tampoco me he leído la novela de Highsmith, no comentaré al respecto tampoco. Y por último, en cuanto a la banda sonora, hay mucha y buena competencia, pero la verdad, no me llevaría las manos a la cabeza si finalmente es Carter Burwell el recompensado.

Para concluir, quiero recalcar que no estamos frente a una obra maestra, a mi parecer, pero sí ante una película de inmensa calidad técnica y humana de la que no os arrepentiréis si os decidís por ir a ver. Nada es absolutamente brillante, pero todo es bastante –o muy– bueno. Si un director tarda una media de cuatro años en rodar cada una de sus películas, como es el caso de Todd Haynes, al menos podemos afirmar que le pone interés a su trabajo, y nunca está de más reconocer eso. Yo de vosotros le daría una oportunidad.

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3 comentarios en “‘Carol’, o cómo no ser demasiado moñas para contar una buena historia de amor

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