‘La verdad duele’, Will Smith vs NFL

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Dejando a un lado la traducción del título – a lo que ya comienzo a estar acostumbrado gracias a los traductores españoles – voy a comenzar con la sinopsis de la última obra de Peter Landesman, basada en el artículo de la periodista Jeanne Marie Laskas, “La verdad duele”. La historia arranca con la presentación del neuropatólogo nigeriano Bennet Omalu – interpretado por Will Smith – quien trabaja en la clínica forense de Allegheny (Pensilvania) y un día ha de hacer la autopsia a uno de los jugadores de fútbol americano más queridos de Pittsburgh, Mike Webster. A partir de este momento, las autopsias se suceden en jugadores aparentemente sanos con síntomas similares y, ahí, es cuando el Doctor Omalu comenzará su investigación.

Pero, antes de nada, quiero hablar del actor principal de la película; y es que la carrera del actor estadounidense, Will Smith, ha sufrido una evolución de subidas y bajadas con el paso de los años: en sus inicios, cuando era más joven, la mayoría de sus obras estaban orientadas hacia el toque humorístico suyo tan característico; sin embargo, conforme fue madurando, los papeles que le fueron ofreciendo tiraban hacia las interpretaciones más serias tanto en películas de acción como dramáticas en las que, desde mi punto de vista, no tiene ese gancho para captar al espectador. Por lo tanto, la carrera de Will Smith se podría definir como una montaña rusa en la que como personaje humorístico subió hasta lo más alto con “El príncipe de Bel-Air” o con películas como “Dos policías rebeldes” o “Men in Black”. De ese gran pico como “humorista” empezó a decrecer al incorporarse en proyectos de una calidad menor – desde mi punto de vista – como “Hitch” (2005) o “Una chica de Jersey” (2004), con los que comenzó a perder algo de confianza mediática. Sin embargo, cuando llegó este momento en el que parte del público empezaba a perder interés por el actor, resurgió en apenas tres años con las que, para mí, son sus mejores interpretaciones. Entre los años 2006 y 2008 se sacó de la manga papeles como Chris Gardner en “En busca de la felicidad”, el Dr. Robert Neville en “Soy leyenda” y Ben Thomas en “Siete almas”. Pero, cuando todo apuntaba a que iba a ser el momento cumbre del actor, éste volvió a caer en un sinsentido y sinsentimiento de producciones con lo que mostró, como diría el Dr. Julian Bailes (Alec Baldwin), que “dos casos no representan una prueba científica concluyente”.

Pues bien, a pesar de la campaña mediática que recibió antes de su estreno este film, recibiendo calificaciones como “la mejor interpretación de Will Smith desde En busca de la felicidad”, he de decir que no es así. Es más, la película sigue el camino de sus últimas obras: “After Earth” y “Focus”, películas entretenidas pero muy lejos de considerarse una gran obra. El largometraje de Landesman queda vacío de contenido y gana fuerza exclusivamente en dos o tres escenas donde la tensión viene realzada por la obsesión de que el actor se luzca y deja de lado el buen tratamiento de la historia y del carácter del resto de personajes, quienes quedan en segundo plano, en ocasiones rozando el papel de extras. Elección errónea por parte del director debido a que cuenta con un reparto coral bastante digno, desde el secundario Alec Baldwin o la compañera de escena del Dr. Omalu, Gugu Mbatha-Raw, hasta Hill Harper o Luke Wilson. Todos ellos quedan sepultados bajo la ‘tiranía escénica’ del que fue el príncipe más políticamente incorrecto de la televisión.

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En cuanto a los aspectos técnicos he de decir que son correctos tanto la banda sonora como la fotografía, pero al igual que el resto de componentes del film quedan supeditados al actor principal. Un factor que no es necesariamente malo, pero que pienso que no ha sacado todo el potencial que podría haber tenido si se hubiese tratado de una mejor forma. Y es posible que me meta en teorías conspiranoicas, pero al tratarse de una película que aborda un tema que afecta a una de las mayores instituciones de los Estados Unidos con semejante fuerza, es posible que se haya realizado con un poco de temor y haber profundizado poco en esa culpabilidad de la NFL sobre los casos de ETC – la enfermedad que investiga el Dr. Omalu – en los jugadores.

En conclusión, una película donde todos los focos se los lleva Will Smith; en busca de resarcirse de obras pasadas con las que no llegó al público – aunque con esta tampoco ha llegado – y que afectan negativamente al tratamiento de una buena historia, que acaba convirtiéndose en una trama entretenida que te mantiene en tensión en ciertos momentos, pero que se aleja de la faceta crítica y polémica de la que, pienso, el director quiso hacer llegar al espectador.

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