Una resaca de Oscar

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Vaya, pues ya está. Jornada de reflexión en medio, toca hacer balance de una 88ª edición de los Oscar que al final acabó con menos sorpresas de las esperadas, valga la paradoja. O algo así se desprende de una porra Reservoir con un ratio de aciertos bastante aceptable, a pesar de los señores Rubio -que hizo honor a su color de pelo- y Nota -más notas que nunca- y sus ridículos seis aciertos. Precisamente por esa falta de sorpresas, quizá la trasnochada no les valió la pena a los más valientes. Si hasta le dieron el Oscar a DiCaprio, al final. Por otro lado, los más haters del lugar solo pudieron agarrarse al galardón a Iñárritu como mejor director para soltar algo de bilis, visto el consensuado merecimiento de la mayoría de los premiados. Demasiada corrección política en la entrega de galardones, en definitiva. Solo el chiste de Colubi con la afición a la hípica del desaparecido Philip Seymour Hoffman, y las escandalizadas reacciones de los tuiteros ofendidos, rompió un poco con la monotonía de la noche.

Menos mal que por ahí estaba Chris Rock. El famoso humorista, que ya ejerció de presentador en la gala de 2005, no desaprovechó la oportunidad que le brindaba la polémica racista y repartió ostias a los dos bandos. Podría haberse limitado a seguir la corriente alborotada que abanderaba Jada Pinckett Smith y nadie se hubiese quejado -era lo lógico-, pero prefirió pensar, pensar bien, hacer un C’s y buscar el centro. A pesar de que su discurso pecó de repetitivo a medida que avanzaba la gala, el acertado enfoque se llevó elogios por parte de los telespectadores y aplausos por parte de los presentes. Rock se dedicó a ridiculizar la ofendida postura de señora Smith y compañía mediante el “quién te ha dado vela en este entierro”. Efectivamente, el comentado boicot de Jada Pinckett a la ceremonia consistía en no acudir a una gala a la que no había sido invitada. Escalofriante. Ríase usted de mayo del 68. Rock, a pesar de haber tenido la suerte de participar en algunas de las obras maestras con que nos deleitaba Eddie Murphy, también reclamó más oportunidades para los negros en la industria, algo en lo que sí se puede y debe mejorar, por supuesto. Su discurso acabó decayendo en el ritmo con el tiempo, pero había ya conseguido lo que quería: imponer cordura y ridiculizar al personal, además de hacer una gala entretenida. Porque es posible, y sin tener que excusarse en Twitter después. En esto también nos ganan los USA.

La entrega de premios, como he dicho, fue hasta demasiado justa. Spotlight -de la que tan bien habló el Señor Rosa aquí– fue la merecidísima ganadora del Oscar gordo, para disfrute de todos los que practican esta profesión. También fue merecedora para la Academia del galardón al mejor guion original, premio que desde The Reservoir Bloggers siempre creeremos para Tarantino, ni nominado este viaje. Pero sin rencor. Iñárritu se colocó al nivel de Ford y Mankiewicz y se llevó el Oscar a mejor director por segundo año consecutivo. El Renacido, finalmente, funcionó como la máquina de hacer Oscar que es. A Iñárritu se le sumó Lubezki con su tercer premio seguido como cinematógrafo y, por fin, Leonardo DiCaprio. Internet perdía a un gran meme, pero lo cierto es que ya le tocaba al pobre Leo ganar el mayor reconocimiento que puede conseguir un actor en la actualidad. A pesar del consenso general en que DiCaprio ha tenido, efectivamente, papeles mejores (recuerden, solo por gusto, la ESCENA de El Lobo de Wall Street), lo del domingo fue el reconocimiento a toda una carrera.

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El gran Giphy – Fuente: tn.com.ar

Un reconocimiento que, finalmente, no tuvo el viejo Stallone, a pesar de que las apuestas lo veían claro favorito. Decía en la crítica a Creed que el recuperado Rocky hacía un papel a tener en cuenta, pero esta no fue al final la opinión de la Academia. Fue Mark Rylance, a quien, haciendo gala de mi buen ojo, ni nombré al hablar de El puente de los espías, quien le arrebató el Oscar al mejor actor de reparto. En otra injusticia de proporciones bíblicas, Alicia Vikander, para compensar ser el motivo de la transexualidad de Eddie Redmayne en La chica danesa, ganó en la categoría de mejor actriz de reparto en detrimento de mi querida futura esposa. Carolel último amor del Señor Blanco, se fue de vacío, y ni Rooney Mara en esta categoría ni Cate Blanchett en la de mejor actriz -premio que se llevó a casa Brie Larson por La habitación, estrenada el viernes en España- lograron convencer al jurado.

Mad Max: Furia en la carretera, la debilidad del Señor Naranja este año, confirmó la marca con que sus frikifans defensores la etiquetaron, como demasiado osada para ganar alguno de los Oscar gordos. Sin embargo, la producción de George Miller arrasó en el apartado técnico, y se llevó las seis estatuillas que lo componen. Personalmente he de añadir que fue un auténtico gustazo ver a un enfurruñado Iñárritu negarse a aplaudir a Jenny Beavan, ganadora del Oscar al mejor vestuario por Mad Max. Y es que el nivel de haterismo con el chicano es realmente elevado por los lares de The Reservoir Bloggers. Llámennos envidiosos.

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