Los cauces del horror en “Razas de Noche”

Razas-de-Noche

Toda la adorable tropa que conforma Razas de Noche. Fuente: Verseriesynovelas.tv.

Aunque la resaca de los Óscar no se haya disipado, hay que usar buenos antídotos para curarnos en salud y volver a nuestras rutinas cinéfilas. En mi proposición de intenciones al llegar a este blog, me prometí a mí mismo que trataría de ahondar en películas poco conocidas para darlas a conocer al público. Así puestos, os presento una malograda y olvidada obra del séptimo arte del terror clásico: Razas de Noche (1990).

La película está basada en la novela Cabal (1988), del prestigioso escritor del género de terror Clive Barker. Este polifacético artista británico se lanzó a dirigir su propia versión cinematográfica de su historia después del insólito éxito que había logrado con la perturbadora Hellraiser (1987), que por cierto también dirigió a partir de otra novela suya. Ni cabe decir que Razas de Noche, pese a tener un mayor presupuesto y más complejidad, no obtuvo el reconocimiento de esta y padeció el amargo e injusto olvido durante dos décadas, hasta que un grupo de estudiantes lograron montar una versión extendida de la película que la reconvirtió en filme de culto.

Onirismo, angustia, dolor, miedo e incluso repugnancia. Son las sensaciones con las que se codea sin cesar la película, que enlaza el argumento en el Boone que el típico héroe americano joven e inocente (el casi desaparecido Craig Sheffer) es manipulado por su psquiatra, el psicópata doctor Decker (el aclamado cineasta David Cronenberg enfundado en una interpretación lastimosa y carente de credibilidad) y a raíz de ello entra en el cementerio olvidado de Midian. Allí habitan las Razas de la Noche: los hijos de la oscuridad con poderes y habilidades sobrenaturales. Cuando Lori (Anne Bobby), la dulce novia de Boone, llegue en su búsqueda y las fuerzas del orden entren en acción, se liará una destrucción final a lo fantástico del máximo calibre en ese cementerio.

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Asesino en serie de la peli:”No me hagas mucho caso, pero creo que algo falla”. Fuente: WiffleGiff.

No hay que engañarse: la película tiene varios defectos. El guion en un principio es muy prometedor (la presencia de un asesino en serie slasher encapuchado es incluso un aliciente), pero al final es incapaz de resolver todos los frentes que abre o clarificar ciertos aspectos. Además, las interpretaciones de los actores (ninguno de ellos reconocido salvo el ya mencionado Cronenberg como director de cine) no dan demasiado de sí, con la notable excepción del meritorio papel de Charles Haid como el capitán Eigerman, un sádico policía cuyos instintos psicóticos recuerdan a la típica figura de teniente nazi desequilibrado.

La intención de Barker de representar un cara a cara de lo peor de la humanidad contra la inocencia de aquellos a los que se tilda de monstruos cuaja hasta cierto punto, pero no del todo. Sin olvidar que dos horas se suelen hacer largas, por lo que la exigencia de calidad de película tiene que ser mucho más alta, o los numerosos fallos de rácord que cualquier espectador medio puede descubrir.

razas de noche

Algunas de las bellezas que nos ofrece este filme de culto. Fuente: El hombre martillo.

A pesar de todo, en pocas ocasiones se pueden ver en la gran pantalla como la experiencia visual del viaje hacia Midian. Monstruos con todo tipo de pieles, deformidades, alturas y pelajes se dan la mano en ese delirante subterráneo en el que conviven. El maquillaje cumple con creces su función, que junto a las escenas de ultraviolencia más inquietantes hasta los efectos especiales más futuristas, merecen clamorosos aplausos. En el plano técnico, el uso de las cámaras y los enfoques es convencional, pero más que satisfactorio. Ni que decir del atrezzo, que con pocos recursos recrea una sensación lúgubre ideal para el transcurso de la película. Y aunque las interpretaciones de los principales no den mucho de sí, vale la pena ver a las criaturas del averno caracterizadas como humanoides locos, perdidos en un mundo que los ha devorado y los ha condenado a vivir en la humillación.

Ojo a un final de la película que se anticipó en veinte años a la llegada de la saga cinematográfica de Crepúsculo, tanto en aspecto sobrenatural como en un desafortunado olor a “Bonito final de ultratumba”. A pesar de todo, y con todo, una película muy recomendable pero no apta para todos los públicos. Tan solo para aquellos que se quieran infiltrar por los cauces del horror más primitivo que conocemos: la oscuridad y todos sus vástagos. Esa, y no otra, es la esencia de Razas de Noche.

 

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