‘El hijo de Saúl’: ¿el cine húngaro es siempre así?

'El hijo de Saúl' (1)

Fuente: Hitfix

Para variar la dinámica de las últimas entradas de nuestro blog he decidido ir al cine a ver una película. ¿Y qué me he encontrado? Pues, definitivamente, con una película, no. Yo más bien lo metería dentro de la sección de documentales, pero como eso no existe en The Reservoir Bloggers (.com) y el director insiste en que es una película, le haré caso, en parte. Voy a tratar a El hijo de Saúl de las dos maneras posibles, primero hablaré de ella como documental y luego diré qué me parece como largometraje.

Sinceramente, no me gusta decir lo mismo que la crítica especializada, pero tengo que reconocer que es bastante cierto lo primero que hay que destacar –más tarde ya diferiré hasta la saciedad–. Nunca antes se había dado esta visión de un campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Los primeros minutos de película hacen que te retuerzas por dentro, que pienses lo duro que pudo llegar a ser formar parte de la gente que limpiaba de cadáveres las cámaras de gas, y que sabían que, más pronto que tarde, también serían limpiados. Es una visión alternativa –y, probablemente, más acertada– de lo que Hollywood nos ha acostumbrado a lo largo de los años. Estos primeros minutos son todo un acierto para ponerte en situación, una puesta en escena prometedora, sin duda.

Si nos vamos al aspecto técnico, nos encontramos con una obra diferente. Olvidémonos de cambios de plano cada cinco o seis segundos, no. Aquí el primer plano ya te absorbe durante más de un minuto. Y es que estos planos secuencia son característicos por más de un motivo: aparte de la peculiaridad visual que es para un espectador acostumbrado al cine convencional de Estados Unidos el uso de planos secuencias, uno tras otro, nos encontramos con planos cortos, que siguen al protagonista de forma constante –el adjetivo “característico” de antes no lo he elegido de casualidad… vale, sí lo he hecho, pero ha quedado que ni pintado–. De hecho, vais a pasaros viendo hasta el último grano de Géza Röhrig en varios planos secuencia durante más de 15 minutos a lo largo del filme. La técnica es original, de eso no hay duda, pero la verdad, y saliéndonos un poco de la valoración técnica, la cara del actor no es lo bastante expresiva como para que esos planos te generen algo más que aburrimiento a la tercera vez que los realizan. De todos modos, como estoy valorando la obra de László Nemes a nivel de documental, he de decir que esto último no es importante. Una pena que le haya intentado meterle “argumento”.

Vamos con la parte dos de la crítica. Definitivamente, el cine húngaro no es para mí. Es una putada para Nemes que yo, como espectador, haya ido al cine a ver una película, y no un documental. A nivel técnico, cualquiera de las películas de Monty Python es una basura digna de estudio. Pero aún así, están miles de kilómetros por encima de El hijo de Saúl como película. Hay muchos argumentos que pintan bien cuando lees la sinopsis pero luego están muy mal desarrollados –La chica danesa, por ejemplo–. En este caso, tenemos uno de esos largometrajes que pintan mal y confirman tus presagios. Un esclavo quiere que a su hijo no lo quemen, así que arriesga su vida y la de mucha otra gente para que lo entierren. Una gilipollez. Pero bueno, a veces una gilipollez de argumento acaba en una buena película –mirad las versiones de Nolan de Batman, especialmente la segunda–. Una lástima que El hijo de Saúl no sea el caso.

'El hijo de Saúl' (3)

“¿Eres rabino? ¿Sacrificarías a todos tus amigos y familia por enterrar a mi hijo?”. Fuente: El cadillac negro

Una serie de incongruencias hace que la hora y tres cuartos que te encuentras frente a la pantalla se te haga mucho más larga. Un guion de no más de cinco páginas hará que los silencios se conviertan en incómodas y perpetuas pausas, intercambio de miradas vacías que no llevan a ninguna parte y, por supuesto, largos periodos comiendo o aseándose mientras alguien por detrás grita cosas en alemán (doblados están cuatro personajes, el resto de gritos de fondo son incomprensibles para el espectador). Además, cuando los personajes se dignan a hablar, tampoco mejora la cosa. Las escasas palabras que comparten los cuatro personajes que están doblados son monosílabos con –imagino– un trasfondo que en Hungría debe de ser evidente, pues todos los actores tienen una reacción instantánea, pero que, personalmente, no entendía nada hasta que lo iba viendo. No te engancha, no hace que empatices con los sentimientos de Saúl, simplemente ves una sucesión de secuencias que debes de entender, pero que ni aún haciéndolo te convencen. Nada que destacar tampoco de su banda sonora. Una auténtica joya esta película, sí señor.

Como podréis comprobar, aunque casi todas las críticas que leáis recalquen lo innovador de la presentación de la película, yo me quedo con lo que transmite: a mí parecer, bastante durante diez minutos iniciales, en los que te ofrecen una puesta en escena con la que reflexionar, pero poco o nada durante la otra hora y media.

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