Flotando entre pantallas

trainspotting

Como novata en el blog –aunque, sin alardear, probablemente lo conozca mejor que la mayoría de los veteranos– y con el propósito de forjarme una buena imagen ya desde el principio, en mi primera entrada hablaré sobre las drogas. Sí, las drogas. Pero las drogas en la ficción, no me juzguéis antes de hora. He hecho una -muy- pequeña recopilación de las representaciones ficticias que más me han marcado sobre el consumo de sustancias y todo lo que esto conlleva (no, si al final será un discursito antidrogas esto…).

Trainspotting, manual de cómo ser un colgado nihilista

[Ojo a la originalidad.] Pues sí, empiezo con el clásico por excelencia. Solo por la corrida –me refiero al maratón que se pega Mark Renton (Ewan McGregor), obviamente- del mítico discurso del principio a ritmo de Iggy Pop esta película ya merece ser nombrada.

Los protagonistas de este film no son solo unos tirados. Bueno sí, son unos tirados con todas las letras. Pero unos tirados con cierto trasfondo filosófico que nos lleva a replantearnos si realmente elegimos la vida que llevamos o simplemente nos dejamos arrastrar por la corriente de una sociedad motorizada que no ve más allá de lo convencional (nacer, estudiar, trabajar, reproducirnos, morir). Bajo el influjo de la heroína cinco “orgullosos” escoceses con pocos escrúpulos (y menos corrección política) nos guían por el camino evasivo de una existencia rutinaria e insulsa para mostrarnos un mundo que, aunque es una mierda, al menos tiene sus ratitos placenteros y absorbentes –cuando se chutan-.

De esta obra destaca sobretodo como refleja el estilo de vida autodestructivo de unos yonkis nihilistas que, en una sociedad vacía, encuentran más satisfactorio robar que trabajar o drogarse antes que asumir cualquier tipo de responsabilidad.

Requiem for a dream, el precio que tiene estar flotando entre nubes, unicornios y arcoíris

Dos jóvenes (Jared Leto y Jennifer Connelly) enamorados y consumidos por la heroína –nótese la especial predilección hacia esta droga- sueñan con salir de la ruina en la que viven y para ello venden narcóticos a la espera de un día en el que tengan bastante pasta como para dejarlo todo atrás, aunque ya se sabe que eso de ser camello y drogadicto a la vez no suele funcionar.


“¿A quién no le apetece uno ligerito?”

Por otro lado, la madre de Harry (Ellen Burstyn), una solitaria mujer que vive absorbida totalmente por la caja tonta, cree que ha sido seleccionada para participar en su concurso favorito. Así se decide a adelgazar para la gran cita mediante unas dudosas pastillas con el fin de caber en su inmemorial traje de gala rojo.

Las dos historias avanzan, evolucionan y se entrecruzan para mostrarnos un combo de intensísimas emociones, alucinaciones que ponen la piel de gallina e interpretaciones propias de un infierno que asfixia cada vez más hasta conseguir elevar la desesperación y la degradación humana al máximo exponente. Todo esto acompañado por una inquietante BSO “in crescendo” que no te dejará parpadear ni una vez durante el largometraje.

Malviviendo, cómo vivir en un barrio chungo y no morir en el intento

Quizás aquí me cuele un poco. Quizás puestos a hablar de una serie sobre drogas debería de opinar sobre el sobrecogedor dueto de Mr White y Jesse Pinkman -Breaking Bad- o sobre las peripecias del detective de Jimmy McNulty en el pobre barrio de Baltimore –The Wire-. Nada más lejos de la realidad -yo también me follo al blog cuando quiero-, prefiero romper una lanza a favor de un polifacético grupo de amigos –bastante tirados también, la verdad- que viven en la cuna sevillana del tráfico de drogas y la malavida: el barrio de Los Banderilleros. Más allá de los aspectos técnicos, ya que Malviviendo es una serie que destaca por su bajo presupuesto –fondos del primer capítulo: 40€, con eso el Señor Blanco llega hasta la tumba-, esta serie se parece más a un biopic o a un capítulo de Callejeros que a una producción ficticia. La realidad y la cercanía con la que se plasma el día a día de este miserable barrio –tal vez porque la mayoría de los personajes no son actores- es lo que más impacta de Malviviendo.

Para aportar un poco de luz a esta minirecopilación, diré que esta vez las drogas cumplen su papel como origen del buenrrollismo entre vecinos y amigos y sirven para sumergirnos en mil batallas -cada cual más surrealista y cómica- a las que tienen que hacer frente el Kaki, el Negro, el Postilla, el Zurdo, y el Rata.

malviviendo


Pd: con el visto bueno de la Santísima Autoridad Reservoir –inexistente, esto es una anarquía gente- he decidido cambiar mi nombre (aunque continúe dando un poco de pena al menos soy una planta verde –no me refiero a la marihuana, malditos yonkis-) a Señora Lechuga.

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