‘Kill Bill’, o como ajustar cuentas a golpe de katana

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En vistas al panorama de la cartelera últimamente -inviable- y con motivo del reciente quincuagésimo tercer cumpleaños (no, no voy a hablaros de los Juegos del Hambre) de Quentin Tarantino, hoy toca hablar de un clásico del cine de la mano del director norteamericano. Un clásico de la talla de Kill Bill. Y sí, atreverse a escribir sobre una película como Kill Bill comporta adentrarse en un terreno delicado. ¿La razón? Es una de esas películas que suscitan amor u odio en el espectador, y que (generalmente) no acepta puntos intermedios ni medias tintas. En mi caso en particular, y a pesar de la horda de detractores con la que cuenta el film, la película me parece excepcional. Y cuándo digo excepcional me estoy refieriendo al sentido más explícito y literal de la palabra, Kill Bill consitutye una clara excepción al cine al que estamos acostumbrados. Es más, representa una cambio sustancial en el cine del propio Tarantino.

La trama de la película, inspirada en el mundo cinematográfico de las artes marciales, nos muestra una mujer (Uma Thurman) a la que una banda de asesinos le ha destrozado la vida por completo y que solo tiene una razón de ser: perpetuar con éxito la más sangrienta de las venganzas. De manera que decide ir a uno a uno a por los causantes de su desdicha y así, darles la muerte a golpe de katana. Dios, qué bizarro todo. Los escenarios están teñidos con la sangre y el poco tacto característicos del cine de Tarantino, una seña de identidad que se suma como un elemento imprescindible a la belleza estética del film. Aunque, evidentemente, te tiene que gustar para que no resulte cargante. A través de un argumento tan sencillo y directo, la producción logra conformar un ambiente enérgico y vital, ese que consigue definir sin lugar a dudas el cine de acción de calidad.

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Escuadrón Asesino Víbora Letal – Fuente: watsamara.com

Otra cosa que salta a la vista es que Kill Bill es un homenaje mayúsculo al cine de las artes marciales, sin abstenerse de incluir otros rasgos típicos asiáticos, como lo es el fragmento de anime que aparece en el Vol 1. El corto de anime que resume la vida de O-Ren Ishii es sencillamente magnífico. Eso sí que es aportar un golpe de efecto y originalidad que contrasta con la narración de los hechos convencional del cine. Aunque si tenemos que destacar el emblema por excelencia de la película, la respuesta recae clarísimamente sobre la katana y su imparable dueña, la Mamba Negra. En los dos volúmenes, Uma Thurman es el reflejo de una mujer fuerte y decidida, que persigue sus objetivos sin titubear ni un instante. Imposible no quedar fascinados por ella.

No destacar la banda sonora de la película sería como no incidir en que los diálogos entre los personajes de Pulp Fiction son jodidamente geniales. Es tan definitoria que una vez la escuchas ya no hay vuelta atrás, se te queda grabada en la mente. La música de fondo en la historia de Kill Bill consigue dejarte sin aliento a través de grandes canciones como lo son Bang Bang, de Nancy Sinatra o Goodnight Moon, de Shivaree. Esta encaja a la perfección con cada uno de los momento, te sitúa y te transporta a todas las situaciones en las que se ve envuelta la protagonista, siempre con el aplomo y la energía inalineables a Kill Bill.

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Fuente: Tumblr

Es verdad, Kill Bill no cuenta con los diálogos chispeantes ni con la profundidad en los personajes a la que Tarantino puede habernos acostumbrado. Pero el hecho es que tampoco lo intenta. El film trata de transmitirnos algo totalmente distinto, en esta ocasión las imágenes y los contrapuntos colapsan la pantalla mientras que los diálogos brillan por su ausencia. Escenas muy difíciles de olvidar te embriagan y te abordan durante las dos películas: la nieve, el traje amarillo, la sangre, el sudor. Contrastes sublimes. Es imprescindible tener una cosa presente, como diría la propia protagonista de la película (mantengamos el misterio de su nombre), “puede que no me quede compasión, amor, o piedad, pero sí que tengo raciocinio”. Y negar que Kill Bill es una gran película es un tiro en el pie.

Por cierto, felices y sangrientos 53 años Tarantino. Más vale tarde que nunca.

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