‘Me, Earl and the Dying Girl’: Independientemente sobrecogedora

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¡Hola cine independiente! ¡Hola Dr. Nick!

Para quien no sepa qué es exactamente el cine independiente, os lo explicaré. Este tipo de cine no hace referencia a las producciones de origen catalán o vasco. Tampoco son las películas hechas por personas valientes que no necesitan a nadie más que a sí mismos para superar sus problemas. Ni tampoco son películas hechas por treintañeros (ahora, ya cuarentañeros) que deciden lanzarse a la aventura y emanciparse. El cine independiente hace referencia a las producciones que se realizan al margen de los tipos de producción convencionales. Es decir, ningún gran estudio de producción (véase Warner Bros., 20Th century Fox…) está detrás de la elaboración de la película, ni tampoco un productor poderoso afiliado al gremio (actores o directores que deciden emprenderse en nuevos proyectos produciendo obras ajenas).

Suelen ser películas de bajo presupuesto realizadas por productoras pequeñas o por directores emprendedores. Hoy en día, gracias al avance de las nuevas tecnologías y al increíble desarrollo de las cámaras digitales, cualquier imbécil  aficionado al cine puede rodar una película con sus propios medios. Hasta hay quien se anima a rodar películas con el móvil.

Sin embargo, y pese  a que suene a lejano, el cine independiente nos ha dejado grandes obras que posteriormente se han convertido en películas mainstream. Donnie Darko (2001), Nightcrawler (2014) o Little Miss Sunshine (2006) son solo algunos ejemplos.Los grandes actores no rehúyen a rodar películas más allá de los grandes estudios y del dinero que eso les asegura. Y por lo que respecta a los directores, también hay una larga lista de nombres que empezaron su andadura por el séptimo arte lejos de los grandes estudios. Por ejemplo, Christopher Nolan grabó su primer largometraje, Following (1998) de la mano de Next Wave Films, una pequeña productora situada en pleno centro de Nueva York. Memento (2000), su segunda película, llegó de la mano de NewMarket Productions, otra modesta productora norteamericana, aunque eso sí, esta vez contó con el respaldo de Summit Entertainment, una empresa mucho más potente. Pero Nolan no fue el único. Tarantino, por ejemplo, también creó su opera prima (deberíais saber ya de qué peli se trata) por la vía del independentismo. No son malas películas, ¿verdad?

Pues bien, en mi afán de satisfacer la voraz hambre de productos cinematográficos que me atañe desde hace un tiempo, he decido sumergirme de lleno en el cine independiente antes de que las mejores películas se vuelvan mainstream. Más que nada para poder ser el hípster repelente que cuando haya una conversación sobre cine se ponga a decir nombres de buenas películas que ninguno de los demás interlocutores conozca.

He de decir que mi experiencia ha sido muy positiva. Como podéis imaginaros, el riesgo de comerte algún que otro truño es más alto que en una producción respaldada por un gran estudio, ya que los filtros son mucho menores. Aun así, últimamente he podido disfrutar de Señor Manglehorn (2014) una película bastante mediocre pero con un genial Al Pacino, de dos grandes películas como Dope (2015) o Camp-X Ray (2014) y de una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo y sobre la cual os voy a hablar, Me, Earl and the Dying Girl (2015). La carta de presentación de esta cinta es, nada más y nada menos, que los dos grandes premios en el festival de Sundance (los premios más importantes de cine independiente). Algo que en 2014 consiguió una tal Whiplash (¿os suena?).

El hecho de no tener que satisfacer los intereses económicos de las grandes productoras permite a las películas de cine independiente tratar temas menos convencionales (para el cine de grandes masas). Las críticas sociales, las drogas, la prostitución, la cara oscura de la política, las enfermedades letales, o los problemas de la adolescencia son algunos de los temas que se tratan en este tipo de cine. Y precisamente estos dos últimos temas son los que sustentan Me, Earl and The Dying Girl. El americano Alfonso Gómez-Rejón nos habla a través de esta película sobre la putada que es tener leucemia y además ser adolescente. No es un tema precisamente nuevo, pero sí la forma de contarlo.

Greg (Thomas Mann), el protagonista de la cinta, es un adolescente que se encuentra en su último año de instituto. Durante su periplo por esta etapa estudiantil, Greg ha ido perfeccionando una estratégica invisibilidad que le ha permitido no formar parte de ningún grupo social. Es decir, que se ha marginado voluntariamente durante la mayoría de su vida. Los días del joven en el instituto constan de una monotonía que por nada del mundo quiere romper. Hasta que un día la pesada de su madre le cuenta que a Rachel (Olivia Cooke), una chica de su curso, le han diagnosticado leucemia. Por imposición de su progenitora, Greg se ve obligado a visitar a Rachel para ver como está y animarla. Un adolescente que se niega a tener relaciones sociales con gente de su edad se ve obligado a formar una amistad con una adolescente a la que le acaban de diagnosticar una enfermedad terminal, ¿qué puede salir mal?

Aparte de esta atractiva trama, Me, Earl and the Dying Girl cuenta con un grandísimo elenco de personajes. A los ya mencionados Greg y Rachel se les suma Earl (RJ Cyler), el compañero de trabajo de Greg y figura que ofrece los mejores momentos de la cinta. El reparto se completa con secundarios de lujo como Nick Offerman,  el padre de Greg, un personaje neurótico y con algunas manías un poco extrañas o Joel Bernthal como McCarthy, el profesor de historia de Greg. Mención especial merece la interpretación de Olivia Cooke (actriz de la  cual estoy perdidamente enamorado desde el primer visionado de la película) como enferma terminal. Y para los fans de los cómics, la película cuenta con un curioso y desternillante cameo que compite por ser uno de los mejores gags de la película.

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El hipnogato te lo ordena, tienes que ver la película. Fuente: Fox Searchlight Pictures

Otro elemento que añade, aún más si cabe, encanto a la cinta son los constantes homenajes y guiños de amor al cine clásico. Gomez-Rejón refleja a través de Greg y Earl su pasión por el cine y el idilio que tiene con este mundillo, ya que el tejano, antes de ser director, fue el chico de los cafés de Scorsese en Casino y un obseso de los storyboards. En el filme podemos encontrar desde homenajes a La Naranja Mecánica hasta a Apocalypse Now, pasando por obras de Kurosawa o el propio Scorsese.

Por si no ha quedado claro el tono de la cinta, nos encontramos ante un dramedy atípico. Si bien, es cierto que la película tiene bastante bien definidas sus dos partes, con una primera parte en la que predomina la comedia y una segunda que deja paso al drama, la transición entre ambas no es brusca, y en ningún caso se hace pesado el cambio de tono.  La sucesión de gratificantes conversaciones, la evolución de los personajes y la visión atípica de la adolescencia que ofrece la cinta son algunos de sus puntos fuertes. Además, cuenta con momentos muy divertidos y con algunos con un toque más trágico. Una combinación de elementos tan dispares que deja el mismo buen sabor agridulce que una mandarina acabada de cosechar. Sin ser su principal intención, el dramatismo de la trama y la conexión inevitable que se crea con los personajes hacen que en más de una ocasión se te quede el corazón en un puño y se te haga un nudo en la garganta. Es la muestra definitiva de cómo llegar al corazón sin perder la sonrisa (cualidad que ya destaqué en mi crítica sobre Scrubs).

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“¿En serio el mejor símil que se le ha ocurrido es el de una mandarina?”. Fuente: Fox Searchlight Pictures

No es un dramón del estilo de Un paseo para recordar, ni tampoco una película como Bajo la misma estrella. Es una cinta con identidad propia y que, pese a tener elementos que ya hemos visto otras veces en el cine, goza de un aura y una atmosfera que la hacen muy especial. Y es que es difícil encontrar una película que amenice y emocione a partes iguales. Así que ya sabéis, antes de que os la recomiende vuestro amigo hispter o de que se convierta en otra cinta independiente que llegue a al gran público como Reservoir Dogs o Whiplash, tenéis que verla. Más que nada para parecer un poco más leídos cuando habléis de cine.

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Un comentario en “‘Me, Earl and the Dying Girl’: Independientemente sobrecogedora

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