‘White God’, un popurrí de géneros vacío de mensaje

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Hará aproximadamente un mes, el Sr. Blanco escribía ‘El hijo de Saúl’: ¿El cine húngaro es siempre así? Pues, sin llegar a haber visto esta película, creo que puedo decir que sí. White God  me ha dejado las mismas sensaciones que él comenta en su crítica, “una puesta en escena con la que reflexionar, pero poco o nada durante la otra hora y media”. Y es que la obra de Kornél Mundruczó que en 2014 se coronó en la sección “Un certain regard” del Festival de Cine de Cannes – o, más bien, la sección de películas raras que te cagas – ha conseguido engancharme con las tres primeras escenas, pero que han pasado a convertirse en un espejismo.

Para que os hagáis una idea intentaré explicar su sinopsis. La película arranca mostrándonos la relación de Lili, una niña de 13 años, con su perro Hagen. La película plantea un contexto en el que aquellas personas que tienen perros de raza mixta han de pagar una cuota – la cual no se explica en ningún momento – y esto provoca que muchos de ellos acaben siendo abandonados. Hagen acaba sufriendo esta situación, a pesar de que Lili lucha todo lo posible por evitarlo. A partir de aquí tanto Hagen, como Lili, comienzan a pasar por situaciones realmente duras que acabarán desembocando en una ida de olla.

Dejando de lado el hilo de la historia, hay ciertos aspectos que tampoco parecen cuadrar muy bien con lo que intenta llegar a ser la película. En primer lugar, la sensación que me ha dejado la película habría sido la misma si suprimieran los diálogos. Y esto puede significar dos cosas, que las imágenes son lo suficientemente desgarradoras y expresivas para que no los eches en falta, o bien, que no le dan ningún sentido a la trama: tristemente, es la segunda. La historia, además de la relación entre Lili y Hagen, intenta (creo) desarrollar la relación de la niña con su padre, la cual cambia drásticamente en una escena dejando al espectador con cara de “¿qué acaba de pasar?”. En una película con la etiqueta drama, las actuaciones son frías, planas y hacen que desconectes de la historia sin llegar a empatizar con ninguno de los personajes. Desde el punto de vista del espectador, la historia se convierte en una secuencia de escenas que se suceden y no llegan a trasmitir nada. El director podría haber arriesgado perfectamente un poco más y hacer una película muda, en el que la banda sonora – la cual me ha parecido de lo más acertado de la película al combinarlo con la faceta musical de Lili – y las imágenes desgarradoras por las que pasa Hagen cuenten de verdad la historia que se planteaba. Respecto a la evolución del personaje de Lili, no sabría muy bien cómo explicarlo. Una niña de 13 años que arranca jugando inocentemente con su perro en un parque y una vez se separa de éste acaba rebelándose contra todos y medio acosando a un chico mayor que ella para acabar emborrachándose y detenida por la policía en un transcurso de siete u ocho escenas.

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“Papá, ayer me emborraché, me pillaron con droga y me detuvieron. Te toca quererme”. Fuente: TheHollywoodNews

A nivel técnico, adopta en ocasiones los rasgos característicos de un documental con escenas estéticamente muy buenas, pero que no expresan nada. Además, la idea del director de grabar todas las escenas a mano alzada para darle más subjetividad – o eso es lo que he leído en alguna crítica – acaban por ponerte nervioso y pensar que el cámara se ha pasado con los carajillos de la comida.

Pero, a pesar de todo esto, si hay una cosa que me ha gustado realmente es aquello que no se muestra en la película. Me explico. Si el director decide llamarla “White God” y mostrar la rebelión de los perros contra las personas – a pesar de que las últimas escenas parezcan sacadas de The Walking Dead – es por el intento de hacer algo más que un largometraje; lo que el director no ha sabido aprovechar. La película intenta ser una crítica a la opresión de las personas hacia los perros, en la que el ser humano se cree dominante y piensa que puede someter a cualquier raza que considera inferior. El film intenta ser un grito de igualdad y respeto entre los animales (en este caso los perros) y las personas.

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La escena con más mensaje de toda la película. Fuente: TheHollywoodNews

Por tanto, cuando el espectador se dispone a ver White God se encuentra con un diálogo vacío, que se ve mínimamente salvado por escenas muy duras que hacen que sientas tristeza por Hagen durante un tramo de la película y concluye con un final que parece sacado de otra película que no tiene nada que ver. Todo esto, acompañado de una decente banda sonora, algún plano estéticamente bonito, pero un mal montaje. Si eres amante de los animales puede que llegues a conectar en algún momento con la trama de ésta, pero será una mera ilusión y acabarás sufriendo sin llegar a sentir una emoción clara por la película. En palabras de Gerard A. Cassadó de Fotogramas: “Mezcla infinitos géneros en su seno hasta acumular demasiados momentos en los que uno no sabe qué película está viendo exactamente”.

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