#TeamMarvel vs. #TeamDC: la verdadera guerra civil

 

marvel vs dc

Fuente: Revista Roulette

Los cómics, vistos -probablemente de forma injusta- como el refugio de frikis e inadaptados durante generaciones, quizá sean ahora el género cinematográfico más rentable. Del mismo modo que durante el segundo tercio del siglo XX los westerns tomaron por la fuerza la parrilla cinematográfica, con mejores –El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio, Por un puñado de dólares…- o peores resultados -innumerables espaguettis no comestibles- y hasta el punto de constituir un género en sí mismo, en estos primeros años del nuevo milenio son los superhéroes quienes se han hecho con un hueco en la industria. Un hueco por el que caen gritones de dólares en beneficios, sí. No es difícil imaginarse a los directivos de Marvel y DC, Disney y Warner, bañarse cual tío Gilito en piscinas de billetes verdes.

Las recaudaciones, desde luego, arrojan cifras que echan para atrás en ambos bandos. Entre las dos películas de Los Vengadores acumulan cerca de 2800 millones de dólares en taquilla. A pesar de que como blockbusters de manual requieren de una fortísima inversión, la recaudación final la deja en pañales, y convierte cada film en una apuesta sobre seguro. El resultado, como no podía ser de otra forma, una avalancha de producciones cada año que no tiene pinta de parar a medio y largo plazo.

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Prepare your anus – Fuente: comicsalliance.com

El cine de superhéroes moderno empieza en el mismo año 2000. Tras la década de los 90, un insulto cinematográfico a los tebeos -en serio, ¿sabían que antes de Chris Evans hubo otro Capitán América en pantalla? En algunos casos es mejor seguir en la ignorancia-, el año 2000 aparece la primera entrega de la trilogía de X-Men de la Fox. En total, las tres películas recaudarían 605 millones de dólares y proporcionaron pingües beneficios a la productora, a pesar de que La decisión final, ya una superproducción con todas las letras, fue un relativo fracaso de taquilla. Todo lo contrario que el Spiderman de Sam Raimi, trilogía en la que ninguna película bajó de los 750 millones de taquilla para un total de algo menos de 2500 millones. Fue entonces cuando los productores de todo el mundo vieron en los superhéroes la gallina de los huevos de oro de la industria. Incluso en España probaron suerte con los héroes nacionales por excelencia, con buen recibimiento por parte de crítica y público: Mortadelo y Filemón.

Pero volvamos a Hollywood. Durante estos primeros años del nuevo siglo, los cines verían aparecer arriesgadas apuestas y producciones de risible resultado: Daredevil y su secuela Elektra, Catwoman, Los 4 Fantásticos, Ghost Rider… Por suerte, de cara al final de la década se remontó el vuelo, y aparecieron dos películas que marcarían el camino a seguir. Por un lado, DC Comics se encomendó a Christopher Nolan para arreglar el desaguisado que Joel Schumacher perpetró con el personaje de Batman en los 90. El resultado es de sobra conocido: una trilogía excelente, cuyo altísimo nivel cinematográfico solo se ve superado por una taquilla bestial, y que tiene en El caballero oscuro (2008) la, para muchos, mejor película de superhéroes de la historia. Por otra parte, Marvel inauguraría con Iron Man (2008) su celebrado Universo Cinematográfico. Esta primera entrega resultó ser una muy buena película, y le sirvió a la Casa de las Ideas para presentar las que hasta ahora han sido sus principales señas de identidad: una efectiva mezcla de aventuras, acción y humor, cuyo mejor paradigma lo encontramos en la figura de Tony Stark (Robert Downey Jr.); los cameos de otros personajes de la casa que crean ese mundo paralelo superheroico; y la escena post créditos que avanza las próximas entregas de la serie, a veces con años de adelanto. Ah, y el cameo de rigor de Stan Lee.

El Universo de la Marvel le ha permitido tomar cierta ventaja respecto a su competidor. No es, de ningún modo, algo nuevo: ya en los años 60 Jack Kirby y el propio Stan Lee comenzaron a construir este Universo en los cómics. Su adaptación ha sido un éxito rotundo, y entre los espectadores ha triunfado una construcción que aún no habían visto en el cine. Tanto es así que los planes de DC Comics también apuntan en la misma dirección: desde Man of Steel, la intención de Warner y la editorial es de crear un universo propio, como se ha podido ver en Batman v. Superman. El 17 de noviembre de 2017 es la fecha señalada, en principio, para presentar en sociedad Justice League, la Vengadores de la DC.

Sin embargo, las últimas producciones de DC no han calado tanto entre los espectadores como las películas de la Marvel. Y es, sin ninguna duda, debido al carácter que le han querido imprimir. El mayor éxito de esta casa, la trilogía de Nolan, destacaba por un tono adulto, oscuro y muy alejado de los cómics. Esta elección, arriesgada cuanto menos, le salió al bueno de Christopher excepcionalmente bien. Tanto es así que la última entrega, La leyenda renace, fue la peor valorada a pesar de ser más fiel al Batman de los cómics. Las películas estrenadas desde 2012, ya encaminadas a la construcción de su universo, han querido seguir la línea del Batman de Nolan, aunque con peores resultados. Los espectadores parecen preferir el carácter de los de la Marvel, un popurrí de peleas y chistes. El tono pretendidamente oscuro de la DC, especialmente en Batman v. Superman, falla tanto en el planteamiento como en la ejecución, víctima en gran parte de un guion demasiado ingenuo. Por si estos relativos fracasos fuesen poco castigo para DC, el destino aún les guardaba otro varapalo. Deadpool, no más que un experimento ‘rated R’ para la Marvel, ha sido un encomiable éxito de taquilla que ya huele a franquicia, y a la superproducción de Zack Snyder le ha costado horrores superar su taquilla a pesar de que contaba con un presupuesto cinco veces mayor y un elenco de superhéroes mucho más conocidos entre el público.

Desde DC deben tomar -estarán tomando, espero- nota de ello. La gente, si va a ver una película de superhéroes, no quiere que le planten personajes con trasfondo ni reflexiones profundas, tampoco una historia sombría con finas pinceladas grises. Máxime si el pintor es Zack Snyder y su brocha gorda. Uno quiere ver escenas de acción, si oye cuatro o cinco chistes mejor, y olvidarse de la película a los cinco minutos de salir de la sala. Ya es tarde para cambiar por completo el planteamiento de la Liga de la Justicia y marvelizarlo, sin embargo. Está por ver si encuentran, al menos, un enfoque adulto mejor planteado. Algo que se me antoja difícil con la inminente aparición del inútil de Aquaman.

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