Un brindis por el periodismo

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Hoy, día 3 de mayo, se conmemora uno de los días más importantes para el periodismo, y para la sociedad en su totalidad, la libertad de prensa. Este día es especialmente significativo para nosotros, ya que somos estudiantes de periodismo – por si aun no lo habíamos comentado – y el proyecto de The Reservoir Bloggers nació desde una asignatura del propio periodismo. Todos le debemos mucho a esta libertad de prensa que nos aleja del control de los medios por las grandes esferas político-económicas, a pesar de que últimamente no pasa por sus mejores momentos. Por ello, hemos decidido hacer una batida por algunas de las películas que giran en torno a este oficio y dejaros una pequeña selección. Y recordad, como dijo Voltaire: “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”; esto es una comunidad, queremos vuestras opiniones.

Network; Maquiavelo en forma de televisión’, por Jorge Gil

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Que la realidad siempre supera a la ficción es una frase que todos hemos escuchado alguna vez, y el esperpento que creo Sidney Lumet en 1976 con Network es el mejor de los ejemplos. Una película basada en la historia real de la periodista Christine Chubbuck que nos advierte, a través del personaje Howard Beale (Peter Finch), cómo el sistema mediático del periodismo puede – y de hecho, ha podido – convertirse en un auténtico circo donde ya no importan las consecuencias que puedan acarrear los programas emitidos sino los datos, es decir, la audiencia.

Sin embargo, la película se contextualiza en los Estados Unidos de los años setenta y, tristemente, en 2016 este circo se ha consagrado como una gran feria ambulante; el público ya no solo exige al payaso de turno que le haga olvidarse de su duro día, sino que también necesita del faquir para que les sorprenda, de los trapecistas y el ‘morbo’ por una posible caída, de contorsionistas, mujeres barbudas, domadores, magos, malabaristas, forzudos y hombres bala, que en realidad lo que consiguen es atrapar al público dentro de esa carpa rojiblanca y que lo aleja de lo verdaderamente importante, la realidad. De hecho, en la película se puede observar que el sistema es capaz de utilizar a alguien que “está más que harto, y no piensa seguir soportándolo”  en su propio provecho.

Para terminar, y visto desde el punto de vista de un futuro periodista, pienso que la libertad de prensa a la que hoy hacemos homenaje no se creó para que montásemos este enorme mundo de marionetas, muñecos y espectáculo continuo, sino para darle a la ciudadanía el derecho que se merece a estar bien informado y que pueda aportar su propia opinión. ¿Conclusión? Network, dentro de su infinita amargura, se quedó corta.

Que la realidad no te estropee una buena historia, por Tono Gil

En The Wire, obra cumbre de David Simon, era costumbre introducir en cada una de sus cinco temporadas una problemática social diferente sobre la cual recayera parte del peso de la trama. El puerto, las escuelas o la alcaldía son algunos de los hábitats sobre los que se profundizó. Y para la última temporada de The Wire, Simon nos tenía reservado un tour intensivo por la redacción del Baltimore Sun, medio en el cual él mismo trabajó durante su etapa como periodista. Cada uno de los diferentes ambientes presentados en la obra de HBO podría considerarse como una pieza más del complejo puzzle que ayudó a comprender por qué Baltimore era conocida como “el vertedero de América”.

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Redacción del Baltimore Sun en The Wire

Pues bien, a raíz de un importante suceso criminal, el Baltimore Sun comienza a dedicar litros de tinta en artículos sobre mendigos. Scott, uno de sus más prometedores reporteros, e interpretado curiosamente por Tom McCarthy (director de Spotlight) empieza a frustrarse por no conseguir alguna de esas historias de ‘human interest’ que tanto gustan en América, por lo cual empieza a edulcorar sus informaciones hasta acabar inventándoselas por completo. Como contrapunto de este joven y talentoso reportero tenemos a Gus, un veterano editor con los valores del buen periodismo siempre presentes y que premia la veracidad frente a la espectacularidad y un personaje con el que el propio David Simon confesó sentirse identificado.

La caída de las ventas de los periódicos en prensa no hacen más que mermar los beneficios del Sun, y el periódico decide apostar por las invenciones de Scott (aunque no sabían que lo eran) frente a la rectitud informativa de Gus. Resultado: Scott termina consiguiendo un Pulitzer por una de sus historias falsas. El propio editor define muy bien en su última intervención en la serie la situación por la que pasan muchas redacciones: “Mira a tu alrededor: La laguna se seca, los peces se ponen nerviosos… Hazte famoso, gana un premio, quizás así encuentres una laguna más grande. ¿Yo? Soy demasiado simple para eso. Solo esperaba ver algo nuevo cada día y escribir una historia sobre ello”. Las bofetadas de realidad que se reparten en esta obra maestra no dejan a nadie indiferente.

P. D.: Es más que probable que Simon se inspirara en la historia real de Janet Cooke, una periodista que recibió el Pulitzer por una historia falsa, tal como Scott. En ocasiones la realidad iguala a la ficción.

El periodismo se ve mejor en blanco y negro, por Adrian Gisbert

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Edward R. Murrow (David Straitharn), talento y carisma solo superados por las solapas de su americana. – Fuente: macguffin007.com

Buenas noches y buena suerte quizá no sea -de hecho, no lo es- la mejor película que se haya hecho sobre este oficio. Ese honor recaerá en Ciudadano Kane, Todos los hombres del presidente o alguna otra película antigua de estas a la que alabará alguno de mis compañeros, probablemente sin haberla visto.

Sin embargo, prefiero elegir una película de menor nivel cinematográfico, pero que nos lleva de viaje al romanticismo de la última edad de oro de este trabajo. Strathairn encarnó al legendario Edward P. Murrow, en una de las mejores caracterizaciones que haya visto una sala de cine, en la cruzada periodística que llevó a cabo su equipo de la CBS contra la locura de la caza de brujas del senador McCarthy. La plantilla la completaba George Clooney, también en la silla de director, en el papel de Fred Friendly, productor de Murrow, y gente de la talla de Robert Downey Jr. en el papel del Robert Downey Jr. periodista, Jeff Bridges Daniels y Thomas McCarthy, con un Oscar reciente por otra película sobre el mundillo de la que creo que no hemos hablado en el blog.

En un viaje en blanco y negro, Buenas noches y buena suerte nos lleva de vuelta al periodismo de cigarro y máquina de escribir, el de las redacciones inundadas por el humo –literal, no el del Marca- y el del whisky de después de cerrar. Aquel con grandes nombres capaces de plantar batalla a toda una psicosis colectiva. Secundado por equipos que, ya con la victoria en la mano, lejos de llevarse por la euforia se apresuraban a confirmarla: ‘¿Hay segundas fuentes?’. Sin Internet ni mierdas y, por ende, sin The Reservoir Bloggers. Joder, cómo molaba.

Nightcrawler: Cuando el periodismo supera a la ficción, por Éric Úbeda

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Realidad periodística a base de palos. Fuente: Bold Films

Dan Gilroy, guionista, escritor y un apasionado de la prensa, decidió emprender su carrera como director de la mano de Nightcrawler. A través de esta cruda cinta, el director novel intentó satirizar al periodismo y mostrar su cara más cruda.

Pero quizá, ese intento de sátira, deformación grotesca de la realidad y exageración de las pestes del mundo del periodismo no lo sea tanto. Es sabido que los telediarios, tienen un cariño y aprecio especial hacia los hechos impactantes, inquietantes y provocativos, así que Gilroy coge esta premisa y la exagera hasta que parezca  una parodia o una crítica.

Coge al periodismo por la pechera y le hace mirarse en un espejo. Un espejo algo trampeado y desproporcionado, pero que le permite ver en el reflejo que no todo lo que hace lo está haciendo bien.

Las mejores críticas que se hacen desde dentro. Las que no son distorsionadas por elementos externos ni se ven influidas por opiniones ajenas. Es por esto que el planteamiento de Nightcrawler funciona tan bien. Porque no hay mejor forma de criticar el sensacionalismo y el mercantilismo de los medios de comunicación que a través de unos informativos de la televisión americana que podrían ser perfectamente reales.

Ya sé que hablé de esta película aquí, poniéndola de ejemplo de cómo no se tiene que tratar la información periodística en lo que respecta a una tragedia (también conviene no tratarla así sea para la información que sea), pero me parece también una de las mejores películas que se han hecho sobre el periodismo, y merece una mención en el día mundial de la libertad de prensa. Así que reivindiquemos Nightcrwaler, porque, pese a ser una ficción, es un crudo y fidedigno reflejo de la prensa actual.

Matar al mensajero o morir en el intento, por Alba Santana

adorocinema.com

Gary Webb recabando información – Fuente: aodorocinema.com

Las verdades incómodas suelen caer sobre la gente como un jarrón de agua fría, siempre acompañadas de cierto sabor amargo que no es del agrado de nadie. Pero no por eso dejan de ser verdades. En Matar al mensajero, Gary Webb (Jeremy Renner) es el periodista que descubre y decide destapar una verdad escandalosa y sumamente incómoda para muchos: la relación de la CIA de los Estados Unidos con el mundo del narcotráfico. Webb, que trabaja en el pequeño diario San José Mercury News, intenta por todos los medios de los que dispone desvelar las conexiones que mantiene la CIA con el tráfico de drogas dentro del país y también la presencia de la agencia en los países latinoamericanos en los que llevaba a cabo sus contrarrevoluciones.

En la película, Gary Webb nos muestra la fuerza de sus principios éticos como periodista y nos hace ver la importancia que reside en el periodismo de investigación. Un periodista brillante, que proviene de un pequeño diario y que tiene un tema enorme entre las manos. Una combinación explosiva. A pesar de todas las dificultades que se le presentan a lo largo de la trama y del empeño de muchos por que su investigación fracase, Webb no pierde de vista en ningún momento su objetivo. Es más, su fijación solo se acrecenta a lo largo de todo el film.

En este thriller conspiranoico, Jeremy Renner no nos deja indiferentes demostrando el control absoluto de su personaje. Su interpretación va progresando a lo largo de la película, alcanzando el clímax en los momentos de mayor desesperación para el protagonista.

Por desgracia, los grandes propósitos y anhelos no siempre tienen el resultado que esperamos. Tener entre las manos una  verdad mayúscula no es suficiente si cuentas con a una gran corporación que intenta hundirte y si los medios de comunicación están vendidos al poder. La mayoría de las veces solo hace falta matar al mensajero metafóricamente para evitar la colación de un gran tema. El círculo vicioso del olvido ya se encarga del resto. A pesar de esto, nunca es tarde para cambiar la cosas. Simplemente no hay que perder de vista la razón de ser del periodismo, como bien decía Webb “mi trabajo es contar la verdad a la gente, los hechos, gusten o no”.

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