“Espías desde el cielo” + drones en el cine

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Actualizar tu estado de Facebook, ya nunca preguntar a las personas del lugar por un sitio, calentar un vaso de leche por la mañana, o reparar objetos rotos a base de ‘super glue’ o cinta americana; todo esto ha llegado a la sociedad como una opción para mejorar nuestro día a día, pero su origen es oscuro, su origen es bélico. Cuando hablamos de internet, el GPS, el microondas o muchos de los adhesivos que utilizamos cotidianamente tienen su idea base o su nacimiento en el ejército (concretamente en el estadounidense). Es duro pensar que algunas de las mejores ideas de la época moderna han tenido que venir fomentadas por una necesidad bélica para ser inventadas. Y, a día de hoy, esto no deja de suceder; el último invento que ha sufrido esa transición del campo de batalla a los ‘hogares’ ha sido el drone.

Pero no adelantemos acontecimientos. Quiero estructurar esta entrada en dos partes relativamente independientes: en primer lugar, una crítica de la última película de Gavin Hood – director de “El juego de Ender” – y en segundo lugar, la inserción de esta ‘herramienta’ en la sociedad con fines alejados de la guerra.

“Espías desde el cielo”, la burocracia detrás del botón

La película arranca con una misión secreta y colaborativa entre los cuerpos militares británicos y estadounidenses con el fin de capturar – al menos en primera instancia – a un dirigente terrorista alojado en Nairobi (Kenia), sin embargo, la misión gira totalmente y ese ‘capturar’ se convierte en ‘matar’ al ver que están preparando un atentado para el cual ya están armados. En este momento, sale todo el esplendor de la guerra moderna y la invasión de SWATS en el domicilio se ve sustituida por un drone perfectamente localizado para lanzar un misil sobre la zona; sin embargo, los daños colaterales entrarán en un conflicto sobre el que descansará la historia.

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Cartel promocional de “Espías desde el cielo”

Ese conflicto, ese choque de sentimientos, recae en un primer momento en los pilotos del drone Steve Whatts (Aaron Paul) y Carrie Gershon (Phoebe Fox), sin embargo cuando la situación se complica al aparecer una niña en la zona de daños éstos se ven obligados a recibir instrucciones desde ‘arriba’. Este ‘arriba’ se distribuye entre varios cargos, saltando la toma de decisiones entre los personajes de Helen Mirren, Alan Rickman, Iain Glen o el propio Gavin Hood.

Estos trámites burocráticos en el que pasan a primer plano las consecuencias jurídico-políticas, la ética, los valores y la responsabilidad me pareció lo mejor de la película – junto a las actuaciones de Alan Rickman y Helen Mirren – consiguiendo alejarse de la típica película bélica de disparos, violencia y muerte. Consiguen alargar una trama de, alrededor de, quince minutos a una película de una hora y cuarenta minutos sin llegar a hacerse lenta. La película te mantiene en tensión durante todo el metraje gracias a los saltos de planos realizados desde montaje (Megan Gill) entre los distintos cargos en el que el hilo conductor es la decisión, y una banda sonora que se adapta a los momentos clave de “presionar el botón” dirigida por Paul Hepker y Mark Kilian.

En conclusión, un thriller con todas las letras en el que queda muy bien reflejada la estructura de una guerra moderna marcada por el “yo me lavo las manos” a lo Poncio Pilato. En palabras de la reportera Rheta Grimsley: “Un hombre en una misión queda muy lejos de un drone en la frontera”

Los drones fuera del campo de batalla

Hay un aspecto que se me ha olvidado comentar sobre la película, y es otra función que se le remarca a los drones, el espionaje. En la película aparece un pequeño drone controlado a través de un smartphone del tamaño de un escarabajo, y aunque pueda parecer muy alta tecnología en la que ha debido invertir mucho dinero el sector militar, la realidad es que éstos ya existen en el mercado – aunque con otras funciones -.

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Drone filmando una escena de guerra // Fuente: Cinemanía

Estos últimos años los drones han adquirido roles más allá del ejército, sobre todo en el sector audiovisual. Estas cámaras aéreas han permitido que el séptimo arte haya evolucionado a nivel técnico, al igual que pasó con el POV de Hitchcock o la perspectiva frontal de Kubrik. Las ventajas que hoy en día proporciona uno de estos gadgets van más allá de la reducción de costes – obviamente alquilar un helicóptero o una avioneta para filmar los planos aéreos era algo muy costoso – ya que, además, han conseguido superar la calidad de lo existido hasta entonces. Un drone te permite realizar vuelos de forma más suave en espacios más reducidos y a una calidad que alcanza el 4K.

Tan efectivo y eficaz es el trabajo de estas nuevas técnicas que prácticamente todas las películas que cuentan con algún plano aéreo han echado mano a este recurso. Algunas de ellas son “El lobo de Wall Street”, “Harry Potter”, “La vida secreta de Walter Mitty”… y un sinfín más de títulos que muestran lo rápido que evoluciona la industria y la versatilidad que permiten las nuevas tecnologías al séptimo arte.

Y si bien es cierto que los drones pasaron de una industria con un gran presupuesto como es el bélico a uno que – a pesar de mantener un alto presupuesto – cuenta con una cantidad económica relativamente menor, la utilidad de estos nuevos “amigos” audiovisuales sigue en descendencia vertical hasta llegar a los particulares. Y en el mundo actual regido por las redes sociales de internet donde plataformas como YouTube se han vuelto los dueños del territorio, los particulares se corresponden con los ‘youtubers’. Los también llamados como “creadores de contenido independiente” no se han quedado atrás en estos avances y ya son más lo que incorporan a su equipo uno de estos aparatos; consiguiendo, así, unos productos finales de una enorme calidad que cada vez se aproximan más al mundo cinematográfico – y mejor ni hablamos de las cámaras 360º -.

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Fotograma de un vídeo de Casey Neistat // Fuente: Youtube

En conclusión, se prevé una constante evolución en el mundo audiovisual, tanto de grandes presupuestos como de pequeños, en el que las máquinas acabarán haciendo mucho del trabajo para el que ahora se necesitan varios operarios y esto permitirá la creación de contenidos y productos de una calidad increíble, pero eso sí, nunca hay que olvidar la esencia humana de cada director, actor, cinematógrafo, etc.

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