Cuando el deporte llega más allá (1) ‘Magic & Bird: A Courtship of Rivals’

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People say “Oh, Michael Jordan saved the NBA”. Bullshit! Bullshit… Magic and Larry saved the NBA, they’re who saved the NBA. 

Bryant Gumbel, periodista del canal de la NBC en Los Angeles en los setenta, lo repite hasta cabreado. Su intervención sirve como epílogo de Magic & Bird: a Courtship of Rivals, un documental de la cadena HBO que repasa las carreras de Earvin ‘Magic’ Johnson y Larry Bird, dos de los mejores jugadores que haya dado nunca el baloncesto. En Europa y, por lo que dice Gumbel, puede que también algunos en Estados Unidos, la gente suele asociar el éxito de la NBA a la irrupción de Michael Jordan, cuya dinastía hizo que los espectadores televisivos de la Liga y, por ende, sus ingresos, se multiplicasen. A Courtship of Rivals, no obstante, desmiente esta teoría, o al menos la relativiza, al recordar la importancia que tuvo su rivalidad a la hora de relanzar el negocio. Aquel duelo de genios, toda una guerra al principio, derivó con el tiempo en una de las mejores amistades que ha dado nunca el baloncesto en particular, y el deporte en general.

Durante los años setenta, la NBA parecía abocada comercialmente a la desaparición. Tras la retirada de Bill Russell y Wilt Chamberlain la Liga se había quedado sin estrellas, y el número de asistentes a estadios y el de telespectadores caían a la par. A ello se sumaba un conflicto racial, por aquel entonces, aún muy vivo: las plantillas de los equipos estaban copadas casi en su totalidad por afroamericanos y, según el testimonio rescatado de un espectador, incluso el baloncesto en sí mismo derivaba hacia el modo de juego asociado a los negros, más individualista. Mientras tanto, el baloncesto universitario vivía una etapa de esplendor fruto de la irrupción simultánea de dos de esos jugadores que aparecen cada década. Larry Bird, con la universidad de Indiana State, y Earvin Johnson Jr. —apodado ‘Magic’ por el cronista de un diario local tras su primera exhibición baloncestística—, de Michigan State, se iban a enfrentar en la final de la NCAA de 1979 tras arrasar en las respectivas conferencias. Ambos se conocían ya tras haber recorrido Europa juntos con la selección universitaria estadounidense, pero aquella final convirtió cualquier lazo afectivo que pudiesen guardar en puro odio competitivo. Ganó Michigan State, mejor equipo que el de Indiana, tras marcar con dos jugadores a Larry Bird durante todo el partido. El legendario alero aún recuerda aquel partido como la “peor derrota” de su carrera.

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Magic Johnson y un estúpido y sensual Larry Bird en la final de la NCAA de 1979 | Foto: Scratch Hit Sports. 

Tras conseguir convertir su primer duelo cara a cara en la final de la NCAA más vista de la historia, era hora de que Bird y Johnson llevasen su talento a una NBA ávida de referentes. Magic fue elegido por Los Angeles Lakers en primera posición del draft de 1979, y Bird se incorporó a unos Celtics que lo habían elegido en sexta posición el año anterior. Los responsables de marketing de la Liga no tardaron en ver en aquella rivalidad recién estrenada a la gallina de los huevos de oro. Durante la década siguiente la estrategia comercial de la Liga pasó por venderse como una batalla entre dos polos opuestos. No entre Los Angeles Lakers y Boston Celtics, ya con una fuerte rivalidad histórica, sino entre los mismos Magic Johnson y Larry Bird.

El guion se construía solo. El uno era la antítesis del otro. Como afirma Carlos Zúmer en Jot Down, ni el mejor de los guionistas podría haber imaginado una rivalidad mejor: habilidad contra fiereza, showtime contra empaque, coste oeste contra costa este. Y, sobre todo, un negro contra un blanco.

En la lucha entre ambos también se recreó el ya mencionado conflicto racial. Los periódicos no tardaron en retratar a Bird como la Gran Esperanza Blanca —de lo que siempre trató de apartarse el propio Bird— frente a una NBA dominada por afroamericanos. Y los partidos entre Celtics y Lakers eran representaciones de esta lucha. Cuenta Magic que, cuando viajaba a Boston con su equipo, se encontraba con el sorprendente apoyo del colectivo local afroamericano, quienes querían que los Celtics perdiesen a toda costa por tener como líder al “blanquito” Bird.

 

En las pistas, la rivalidad Bird y Magic continuó y aumentó. Los anillos y MVPs de la década de los 80 se los repartieron entre ambos, y ninguno escondía que disfrutaba ver perder al otro. En 1984 se enfrentaron por primera vez en la final de la NBA, duelo que se llevaron los Celtics en el séptimo partido. Bird admite que se tomó aquella final como su particular revancha por lo sucedido cinco años antes, en la final de la NCAA, y que le alegró que Magic, con su mala actuación en el séptimo partido, fuese uno de los culpables de la derrota angelina. Al año siguiente, Magic volvió en Modo Dios y consiguió el campeonato tras seis partidos. En 1986 los de Boston volvieron a conquistar el anillo con Bird como MVP, y Los Angeles hizo lo propio en 1987 y 1988. Y sí, Magic Johnson también ganó ambos MVPs. En el culmen de su particular duelo, Converse reunió a ambos en Indiana, casa de Larry, para rodar el anuncio que pueden ver arriba. Aquel rodaje cambió para siempre la relación entre ambos.

Según cuentan ellos mismos, durante aquella convivencia los dos pudieron conocer a las personas detrás del dorsal al que se habían estado enfrentando. En el salón de la casa de Larry, mientras compartían la comida preparada por la señora Bird, enterraron las viejas rencillas y empezaron a forjar una amistad que sobrevivió a la competición. Sus partidos siguieron siendo auténticas peleas entre dos animales competitivos, pero ya no tenía el toque casi sádico de antaño. Cuando Bird comenzó a sufrir los problemas de espalda que marcaron el final de su carrera, Magic Johnson —que admite que veía destrozado las imágenes de Larry tumbado en el banquillo, inmovilizado por el dolor— fue uno de sus principales apoyos desde el otro lado del país. Por otro lado, el día en que Magic anunció ser portador del virus del VIH, Bird dijo sentir una tristeza que no experimentaba desde la muerte de su padre. Por la noche llamó a su rival. “Cuando te pasa algo así”, recuerda Johnson aún con lágrimas en los ojos, “te das cuenta de a quién le importas”. Y a Larry le importaba.

Le importaba a pesar de su rivalidad en la cancha. Una rivalidad como no había habido otra, incentivada desde la propia Liga, y que los medios de comunicación se encargaban de trasladar a la calle. Bird y Johnson, no obstante, demostraron estar por encima de todo eso, y fuera de pista mostraron una inteligencia mayor incluso que dentro de ella. La fórmula usada para reactivar la NBA —un deporte dominado por dos grandes figuras convertidas en antagonistas—, de éxito probado entre el público, se ha convertido en un modelo recurrente, y no solo en el baloncesto. Seguro que se les ocurre algún ejemplo. No obstante, ninguna rivalidad ha alcanzado las cotas de aquella, a pesar de los esfuerzos. Porque ningún binomio ha demostrado la química de aquél.

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Magic Johnson se descubre con una camiseta de Bird en la ceremonia de retirada del alero | Foto: NBA last seconds. 

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